Trabajar sin patrón. Empresas recuperadas luego del Argentinazo de 2001

Por Julián Rebón

En la Argentina reciente, la recuperación de empresas a partir de la autogestión de sus trabajadores expresó una de las formas de desobediencia al creciente desempleo. En este trabajo, se explora en qué medida los trabajadores al avanzar sobre la dirección de la producción conforman un orden socio-productivo diferente al de la empresa capitalista.

2001

En diciembre del 2001 ocurren los hechos de mayor intensidad que quiebran el modelo neoliberal impuesto a la Argentina. Como consecuencia inmediata a una serie de medidas neoliberales impulsadas por el gobierno de De la Rúa y que se suman a una serie de ajustes impuestos durante los gobierno anteriores, sucedió una revuelta popular que derrumbó el mito del milagro económico argentino evidenciando una cruda realidad social.

La crisis económica y la revuelta trajeron consigo una ola de rescate de empresas cerradas por parte de sus trabajadores y trabajadoras, quienes se rehusaron a perder sus empleos y comenzaron un nuevo camino que exigía tomar el mando de la producción.

A partir de la crisis Argentina de 2001 , miles de asalariados y asalariadas de ese país se han hecho cargo de empresas en procesos de quiebra, cierre y/o importantes incumplimientos del contrato salarial con sus trabajadores. La lucha y, crecientemente, el trabajo han ido conformando empresas “sin patrones” nacidas de la determinación de defender una fuente laboral.

Iniciar nuevamente la producción impuso tareas urgentes de recomposición económica, financiera, comercial y productiva, como la necesidad de acumular un capital de trabajo, recomponer las relaciones de confianza con los proveedores y clientes, recuperar los servicios cortados, instrumentar las condiciones contables básicas (facturación, balances, etcétera), mantener y calibrar las máquinas e instrumentos de producción, incorporar o desarrollar internamente personal que desempeñe tareas comerciales y una multiplicidad importante de otras tareas urgentes.

Las nacientes empresas debieron enfrentar diferentes restricciones. Entre las principales restricciones externas podemos señalar los problemas de abastecimiento de insumos y servicios, la falta de financiamiento y capital de trabajo, y problemas de inserción en el mercado. Entre las internas, las condiciones tecnológicas heredadas de la empresa fallida y el desafío de la gestión por los trabajadores. Entre estos últimos, se destacan los problemas de disciplina laboral y la falta de personal capacitado en áreas de administración y ventas.

En el capitalismo la producción está basada en un carácter anárquico que en conjunto carece de plan. En cambio, este sistema desarrolla procedimientos y métodos de planificación sin antecedentes en cuanto a cada empresa en particular. Las fábricas recuperadas son un ejemplo en este sentido. Los trabajadores y sus aliados esbozan una planificación, una dirección, nacida de la necesidad de subsistir ante el vaciamiento y repliegue capitalista de la producción.

De estar en manos del capital la dirección pasa a ser personificada por los trabajadores y trabajadoras. En el proceso de toma de decisiones dentro de las cooperativas se puede destacar la centralidad que tiene la asamblea como herramienta para tal fin. Las formas reales que asumen estas asambleas son diversas. En ocasiones se trata de una instancia real de toma de decisiones, participativa y democrática, donde se expresan distintas posturas que llegan a consensuarse.

Algunas empresas son más horizontales y asamblearias que otras. Pero en todas existen liderazgos, dirigentes. El perfil mayoritario de estos es el de “luchadores”. Pero también en algunas empresas se prolongan parcialmente las heteronomías preexistentes. Así en varios de estos emprendimientos los “jefes de la antigua empresa” forman parte de la conducción. En otros, sobre todo en empresas que sólo han quedado los obreros y obreras, cuadros externos al colectivo laboral desarrollan la conducción económica y política del proceso.

En la lucha, muchas veces sin saberlo, al resistir la planificación del comando capitalista, esbozan una contraplanificación. Dicha acumulación no es otra que las capacidades que los trabajadores y trabajadoras van constituyendo en sus confrontaciones. Por otra parte, el capitalismo en su comando mismo de la producción pone a disposición de los trabajadores, aunque de forma diferenciada, conocimientos y habilidades que van nutriendo su capacidad de dirigir el proceso productivo.

Así los trabajadores y trabajadoras han desarrollado en la confrontación y en la producción, una capacidad intelectual superior a la que el capital consume. Contenida por la disciplina capitalista, latente como poder virtual, esta capacidad comienza a realizarse embrionariamente con la crisis del mando capitalista.

Al igual que la lucha por la tenencia, también la lucha por la producción es favorecida por la construcción de una alianza social. En esta perspectiva, cuando el colectivo laboral está completo, con sus distintas identidades socioproductivas y sociales, el avance sobre la producción no encuentra grandes obstáculos en cuanto a los requerimientos de calificación. No obstante, cuando la personificación se reduce a los obreros y obreras, la acumulación previa en si misma no basta y el avance requiere de una recalificación de los trabajadores, de asesores externos y/o de la incorporación de cuadros externos al colectivo laboral originario.

Están entre los elementos que definen las formas de organización los siguientes aspectos:

1. Por lo general, la división del trabajo al interior del taller continúa pero asume formas más flexibles y polivalentes.

2. El abandono de parte de los cuadros gerenciales y de los cuadros administrativos impulsa la necesidad de completar estos puestos de trabajo con compañeros y compañeras de otros sectores.

3. La realización de nuevas tareas tiene básicamente dos modalidades que pueden aparecer combinadas en ocasiones: cambio de la ocupación principal y realización de nuevas actividades secundarias.

4. En algunos casos el núcleo ocupacional se disgrega hasta tal punto que desaparece la ocupación, conformándose un trabajador polivalente y produciendo una recalificación de los trabajadores y trabajadoras.

5. Se tiende a conservar los modos de relación de los trabajadores y trabajadoras con los instrumentos y objetos de trabajo.

6. Un cambio de la división del trabajo en tanto forma de superar un modo de producción y reproducción de desigualdades no ha sido prácticamente abordado exceptuando el caso de Zanón

7. La jornada de trabajo es heterogénea según cada empresa.

8. La “libertad de trabajar sin patrón” se expresaría en un menor ritmo de trabajo por la falta de presión patronal.

9. En ocasiones la funcionalidad de los espacios y la disposición de la maquinaria se modifican con el objeto de adaptarse de mejor forma a las necesidades de los trabajadores y trabajadoras.

10. Pese a la falta de política preventiva en seguridad laboral, los accidentes de trabajo parecen haber disminuido por la menor intensidad laboral y presión en el Trabajo.


ESTE ES UN FRAGMENTO DE  TRABAJO SIN PATRÓN.  LAS EMPRESAS RECUPERADAS Y LA PRODUCCIÓN (FOLLETO), DE JULIÁN REBÓN, ENLAZADO Y EDITADO POR CHAMBA.COOP.