Tecnologías libres y populares: la labor de Luis Zambrano

Por Chamba.coop

Siendo un autodidacta, el tecnólogo popular Luis Zambrano construyó tecnologías libres y autogestionadas para el campesinado merideño.

1930-1990

Al menos 10 pueblos merideños sustentándose con energía de sus turbinas: la obra mecánica que consagra a Luis Zambrano como líder de las tecnologías libres y sostenibles en Venezuela durante todo el siglo XX. Más aún: si se toma en cuenta que llevó la electricidad a estos pueblos antes que nadie, con máquinas sin patente y construidas con sus propias manos, se entenderá el valor libertario de todo lo que creó.

La mínima energía eléctrica con la que Venezuela intentó abrirse paso al siglo XX, había llegado en barcos y bajo la tutela de ingenieros con buen olfato para las compañías anónimas. Pero transportar energía era sinónimo de perderla en el camino. Perspicaz y no menos empresario, el joven ingeniero Ricardo Zuloaga creyó dar en el clavo: energía hidráulica. Producirla y privatizarla con su Compañía Anónima La Electricidad de Caracas en 1895, fue una misma cosa.

Descubrir la génesis de la energía no desembocó en otro mérito que hallar el funcionamiento mecánico de los instrumentos con los que el campesino trabajaba todos los días.

Sin embargo, la electricidad llega a Bailadores (Mérida) 38 años después. Pero en los alrededores, la mayoría seguía sin conocerla. Luis Zambrano la vio llegar: para entonces, él ya se había adelantado construyendo tres trapiches hidráulicos para moler caña de azúcar. Tenía 32 años. Se había hecho autodidacta desde los ocho. Descubrir la génesis de la energía no desembocó en otro mérito que hallar el funcionamiento mecánico de los instrumentos con los que el campesino trabajaba todos los días.

Solo necesitó agua canalizada, poleas y correas para construir sus primeras turbinas. Pronto, entendió que el valor de la máquina está en la medida en que sea subyugada a su utilización popular. Quizá en ese momento fue cuando decidió recorrer cada rincón merideño para poner la electricidad en manos de todxs.

Atrás había quedado copiar los modelos de turbina Pelton o Michell. Innovándolos, había creado el suyo. A la ya consabida fórmula de agua, poleas y correas, le agregó un generador de energía de cinco kilovatios. Lo suficiente para que cada campesino tuviera la energía necesaria para alumbrarse y automatizar parte de su trabajo. Veinte años más tarde, no solo en Mérida, sino también en varias zonas de los llanos, las turbinas de las fincas tenían la firma de Luis Zambrano.

Pero ser el padre de la electricidad artesanal de Venezuela fue tan solo el principio. El verdadero proyecto de su vida no era hidráulico. La escasez de repuestos que había dejado la Segunda Guerra Mundial a partir de 1950, terminó de motivarlo. Ahora, más que dar luz y construir máquinas para las labores diarias del campesino con turbinas y generadores de electricidad, comenzó a idear el salto definitivo hacia un emprendimiento que escalado, podría fundar los cimientos para la autonomía tecnológica del país.

Tuvieron que pasar 30 años para que esa idea se convirtiera en el motor rotativo de combustión interna LZ-80, más conocido como el «Turbozam». Desde sus inicios nunca fue un motor convencional: independizándolo de cualquier repuesto extranjero y buscando un funcionamiento más elemental, lo componen 18 piezas construibles y accesibles a todxs. No usa gasolina: es suficiente con el gas metano de desechos orgánicos. Ganando en rendimiento y pragmatismo, el LZ-80 es quizá el primer motor de dos tiempos pensado para máquinas automotrices y aerodinámicas.

No obstante, la energía producida por el motor era tanta, que se fundía. Solo pudo estar encendido unos segundos. Y mientras crecía el reconocimiento a Luis Zambrano como inventor popular, más ingenieros y estudiantes se interesaban por el LZ-80. Pero ponerlo a funcionar, se veía muy lejos.

más que dar luz y construir máquinas para las labores diarias del campesino con turbinas y generadores de electricidad, comenzó a idear el salto definitivo hacia la autonomía tecnológica del país.

Al sol de hoy, el LZ-80 es un proyecto inconcluso. Pero ya existen materiales para poder desarrollarlo y controlar el recalentamiento. Al cumplirse 27 años de la muerte de Luis Zambrano, en medio del caos, se hace más necesario que nunca construir una sólida plataforma de tecnologías libres. Tal vez el primer escalón para llegara ella, sea hacer realidad el «Turbozám».

Date una vuelta por el trabajo que produjo ConcienciaTv y descubre por qué Luis Zambrano es una piedra de toque en la cultura de tecnologías libres de América Latina.