¿Qué era el cooperativismo (en la Revolución Rusa)?

Por David de Ugarte

El papel de las cooperativas en la Revolución Rusa ha sido poco destacado y entendido. Las grandes ausentes del relato de la revolución del 17 son nada más y nada menos que un movimiento de 25 millones de campesinos.

1917

En Rusia y en todos lados, como ahora, bajo el nombre “cooperativa” convivían organizaciones de naturaleza muy distinta: cooperativas de consumo al estilo británico, cooperativas de pequeños productores agrarios, cooperativas de crédito, de trabajo e incluso comunidades igualitarias.

Entre los socialistas, incluidos los marxistas, anteriores a 1917 era común concebir el periodo de transición hacia la abundancia, el socialismo propiamente dicho, como un no-estado basado en un macro-sistema de cooperativas de trabajo.

Cuando aparecen los soviets y empieza a pensarse hacia dónde llevar el control obrero, la figura de la cooperativa, como aliado o como modelo, está siempre presente.

LOS CONSEJOS OBREROS, LA ECONOMÍA Y LA GUERRA

El protagonismo de la revolución estaba en todos lados, desde Bakú a Munich y Budapest a los consejos obreros. No podía ser de otra forma: los consejos, los soviets en ruso, originalmente una estructura espontánea de la organización de la huelgas en la nueva etapa post-sindical, se convertían por doquier en órganos insurreccionales primero y en administradores del conjunto de necesidades sociales después.

Los soviets habían configurado por sí mismos una nueva forma de estado como Lenin había sabido ver en 1917.

Sin embargo, si la estructura política de la sociedad de los soviets estaba clara, la estructura económica del nuevo sistema político no lo estaba tanto.

Está claro para los bolcheviques que lo que se estaba construyendo era un capitalismo de estado y además uno con grandes limitaciones objetivas en espera de que una revolución mundial o al menos europea, ampliara los horizontes de posibilidad.

No había ilusiones entre los dirigentes sobre esto: lo posible era un capitalismo políticamente controlado por los consejos obreros, no un nuevo sistema económico.

Otra cosa era la forma: un capitalismo de estado podía tomar la forma de una nacionalización generalizada, de un mercado de pequeños productores controlado o de ampliar una cooperativización.

El giro llegará en 1921 con la Nueva Política Económica, la famosa NEP. De lo que se trata es de construir un capitalismo moderno supeditado, constreñido y vigilado por el estado consejista.

En este marco el cooperativismo vuelve a ser importante. Pero no las cooperativas obreras, de forma natural integrada en la estructura soviética, como remarca Lenin en su famoso panfleto sobre el impuesto en especie, sino la cooperativa como forma de escala de pequeños propietarios independientes.

LA INTERNACIONAL COOPERATIVISTA COMUNISTA

Este es el marco en el que el cooperativismo se convertirá en una de las áreas específicas de la Internacional Comunista. En vísperas del segundo congreso se convoca en Moscú la Primera Conferencia de Cooperativistas Comunistas.

Durará seis días enteros. Además de trabajadores de las repúblicas soviéticas del momento, aparecen fineses, austriacos, búlgaros, daneses, franceses, alemanes, italianos, noruegos, polacos, suecos, suizos y australianos.

Las discusiones entran pronto en la NEP y el papel que los dirigentes rusos quieren dar a las cooperativas de cada tipo en ella. El ponente ruso es Nicolai Meshcherjakov, un eserita de izquierdas -cercano por tanto al campesinado pobre- que se había unido a los bolcheviques durante la revolución.

Les explica cómo la infravaloración de la economía privada campesina y el desprecio hacia el cooperativismo agrario -entonces y ahora pequeñoburgués, asegura- han jugado un papel importante en el desastre económico y el abastecimiento de la época del comunismo de guerra.

Por otro lado, el cooperativismo obrero había sido subestimado, centrándose la táctica de los grupos revolucionarios previos al 17 en los sindicatos. Uniendo con la tesis del Frente Único que el inmediato congreso de la Internacional va a afirmar, anima a que las resoluciones no queden en el papel y los partidos europeos creen secciones específicas entre el cooperativismo de trabajo.

Se pretendía no solo captar jóvenes y mujeres trabajadoras, sino animar nuevas empresas propiedad de los trabajadores. Y la causa es que antes de la revolución los partidos comunistas pueden ir construyendo ya la base de lo que, tras la revolución se ha demostrado que ha de ser una herramienta esencial de la nueva estructura económica.

Esperan así que los nuevos estados soviéticos que surjan puedan ahorrarse los costes que la subestimación del cooperativismo ha tenido en el proceso ruso, entre ellas, se sugiere, tener que dar ahora un protagonismo excesivo al cooperativismo de la pequeña burguesía rural.

(…)

La experiencia, la autonomía, diríamos hoy, se ganaba en la práctica y eso es lo que daba sentido al cooperativismo antes y lo convertía en revolucionario después.

LENIN, LAS COOPS Y EL CAMBIO CULTURAL

Lenin mientras tanto está ya muy enfermo. Un mes después, cuando recupera fuerzas, envía un artículo que reafirma las posiciones rusas sobre el papel del cooperativismo campesino, artesano y de consumo en la NEP.

Pero además aporta un par de nuevas ideas fuertes. Lenin insiste en que, con la revolución ha cambiado algo fundamental. Bajo el poder político de los soviets, el desarrollo de las cooperativas y el desarrollo del socialismo son para él, en la práctica, la misma cosa.

Es más, asegura que las cooperativas son la clave para esa verdadera revolución cultural que, bajo las condiciones de un capitalismo de estado, harán posible el socialismo en un plazo aceptable.

De nuevo: no el comunismo, no la abundancia, el socialismo, esto es, la fase en la que los trabajadores son capaces no solo de asumir el poder político, sino también de gestionar directamente y en sus propios términos un capitalismo que solo puede ser de Estado.

Lenin entiende el cooperativismo como un proceso educativo, como la base material de un cambio cultural.

Por un lado el cambio cultural en el campesinado que va a hacer posible una relación medianamente armoniosa entre trabajadores y pequeños propietarios agrícolas en el marco del capitalismo de estado que están creando.

Pero por otro, seguramente más importante en una mirada global, el cambio que permite el paso de los trabajadores de movimiento político que llega a tomar el Estado, a verdadero poder social capaz de cabalgar el capitalismo y domeñarlo por sí mismo, directamente, para conducirlo hacia la abundancia a través de un desarrollo tecnológico acelerado.

En ese contexto no es de extrañar que Lenin apostara todo a un cambio cultural. La revolución necesitaba, que los nuevos obreros ganaran la experiencia e inteligencia que aquellos que habían levantado los soviets habían ganado en décadas de lucha.


TEXTO TOMADO DEL ARTÍCULO QUÉ ERA EL COOPERATIVISMO; EDITADO Y ENLAZADO POR CHAMBA.COOP.

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