Organización cooperativa del Ayllu

Por Gregorio Iriarte

Glosario base para una crítica al cooperativismo desde una perspectiva aymara.

Siglos XI al XXI de la era común (aproximadamente)

1. El AYLLU es una cooperativa

Veamos ahora los factores cooperativos presentes en el AYLLU actual. Sin embargo, para evitar caer en un falso idealismo que presente al mundo aymara como un idilio de unión y de mutua solidaridad, trataremos de analizar también las graves tendencias divisionistas que coexisten en la cultura aymara, mezcladas dentro de un fuerte sentido de grupo. Tanto las instituciones como las personas ajenas al mundo aymara, muchas veces no han hecho más que incentivar los factores divisionistas por intereses de tipo económico o político.

El movimiento cooperativista debe partir de los grandes valores comunitarios presentes en la cultura aymara; sin embargo, no habrá que desconocer las tendencias individualistas y faccionistas si se quiere realizar una eficaz acción educativa y si se desea contrarrestar la actividad desintegradora realizada, no pocas veces, por los agentes externos.

El aymara es un ser profundamente comunitario: el trabajo, la diversión, la toma de decisiones importantes, la oración… Todo lo ha de realizar dentro del marco de referencia del grupo social al cual pertenece.

Es notable la riqueza de instituciones de ayuda mutua, de reciprocidad y de trabajos colectivos en el mundo cultural andino. Sin llegar a la precipitada conclusión de que el mundo aymara viva dentro de un «sistema colectivista», o de un «comunismo agrario», es evidente de que sus formas sociales de vida están más cerca del verdadero espíritu cooperativo que las instituciones de nuestra cultura occidental.

Enumeraremos aquellas instituciones más importantes que, de algún modo, expresan un sentido cooperativo dentro de las tradiciones aymaras. Algunas de ellas se refieren a sistemas comunitarios de posesión o de decisión y otras a trabajos colectivos realizados por grupos de personas relativamente numerosos.

La MARKA

Es, sin duda, la institución básica comunitaria. Las tierras de la MARKA son propiedad de la comunidad. Si bien en algunos lugares estas tierras, en parte, se han adjudicado a las familias, en ningún caso, las pueden vender a personas ajenas a la comunidad. Aún en estos casos, en última instancia siempre aparece la comunidad como la verdadera propietaria.

ASAMBLEA DE LA COMUNIDAD

Todos los comunarios son sus miembros y tienen derecho a voto cada unidad familiar representada por el jefe de familia o por la viuda, constituye la máxima autoridad dentro del AYLLU. Por mayoría de votos se eligen las autoridades y se acuerdan todos los actos importantes concernientes a la vida del grupo.

FAENA o PHAYNA

Es el nombre genérico que indica generalmente algún tipo de trabajo realizado en conjunto, ordinariamente durante una jornada.

JAYMA o AYMA

En algunos lugares se considera como el equivalente aymara del castellano «faena». En otras partes, «JAYMA» indica primordialmente algún terreno destinado por la comunidad para uso colectivo, por ejemplo para la escuela, o para la iglesia, y que es trabajado colectivamente.

UMARAQA

Indica trabajo colectivo rotativo. En algunas partes ha quedado reducida a la colaboración en las labores agrícolas a cambio de comida.

ACHUQALLA

Es una costumbre muy común entre los aymaras tanto del campo como de la ciudad y se refiere al trabajo colectivo para el techado de una nueva casa. Va acompañado de todo un ceremonial con muchos elementos rituales y con gran fiesta.

WAYKA

Las muchas variedades locales hacen difícil dar una definición precisa del término pero los elementos que entran comúnmente en esta institución son la de trabajo extraordinario no habitual y la de cierta competición de grupos en el trabajo mismo.

UÑAQA

Tiene también varios significados pero ordinariamente se refiere a que una comunidad se decide a realizar algún trabajo colectivo basándose en un modelo que ha visto realizado en otra comunidad; también puede referirse a la preocupación y colaboración en la casa o en los terrenos de alguna persona que está ausente o que se encuentra gravemente impedida para poder hacer el trabajo por sí misma.

Entre las instituciones en las que se halla más presente el concepto de reciprocidad de bienes o de labores, las más comunes están comprendidas bajo el nombre genérico de AYNI, que designa siempre un tipo de intercambio que exige reciprocidad estricta.

Entre los aymaras la propiedad de la tierra es prioritariamente comunitaria y, a pesar de las expoliaciones y de toda clase de presiones por parte de la sociedad urbana, tanto en tiempo de la Colonia como de la época republicana, tendientes a privatizar la propiedad, esta se ha mantenido jurídicamente colectiva en casi todas las comunidades indígenas que se libraron de ser haciendas.

YANAQA

Literalmente significa ayuda, y se realiza a nivel más privado que AYNI, entre familias vinculadas por parentesco sanguíneo o espiritual. En ella no se da una reciprocidad estricta como en el AYNI.

Se practican diversos tipos de AYNI, ya sea en las labores agrícolas, en intercambios de regalos, en la colaboración material para presteríos, bodas, construcción de una casa, etc.

MINK’A

Es otra forma de ayuda mutua muy generalizada y consiste fundamentalmente en cooperar todos juntos para la ejecución de trabajos en beneficio de la comunidad o de alguno de sus miembros. En la MINK’A no solo se colabora con mano de obra, sino también con los animales de labranza o herramientas de trabajo de las que son dueños. A diferencia del AYNI, la retribución no se hace necesariamente con el mismo tipo de trabajo. Es muy común que si se está ayudando a cosechar papa, por ejemplo, se retribuya con ese producto. Además en la MINK’A siempre se da alimento a los que están ayudando.

SATAQA

En ella el propietario de un terreno entrega uno o varios surcos a otra persona o familia. El propietario pone la semilla y el trabajo; el beneficio simplemente ayuda en la cosecha. Se dan también casos en los que el beneficiario pone la semilla y el trabajo. Eso depende de la función concreta de cada SATAQA. La ATAQA puede ser expresión de amistas o una forma de obsequio que se hace a un huésped. También, a veces, es la forma de entrenar a un hijo menor en su vida de adulto, o una forma solidaria de dar acceso al usufructo de algo de tierra a los que no la tienen.

CHIKI

Se parece a la SATAQA, presentando algunas variantes según las costumbres de cada zona. El QATICVHI y la UNAQA son denominaciones diversas que expresan la misma realidad.

WAKI

Es otra forma admirable y bastante común de colaboración recíproca. Su sentido más corriente es el de intercambio de tierra por semilla. Por ejemplo, si una familia se encuentra con que no tiene suficiente semilla para sembrar en el terreno que ha preparado y, en cambio, otra familia tiene más semilla de la que racionalmente debe sembrar, entonces las dos familias se ponen de acuerdo y siembran la semilla de la segunda en el terreno de la primera. Tanto el dueño del campo como el de la semilla realizan juntos todo el trabajo y, al final, se reparten equitativamente la cosecha.

MANQ’AYAÑA

Es común en algunas regiones del Altiplano y se parece al WAKI. Si una familia tiene, por ejemplo, una oveja que se va a morir, la entrega a una familia para que la sacrifiquen y se la coman. Al cabo de un año, esta familia deberá devolver el cordero vivo a la primera. Este intercambio tiene la finalidad de ayudar al incremento de los ganados de los más pobres: el que tiene más ganado asume la muerte de los animales del que tiene menos ganado, como su fuera su propio ganado.

2. La propiead colectiva en la cultura aymara no es la excepción

Otras instituciones aymaras de gran sentido comunitario se refieren a la propiedad compartida y a la tenencia de la tierra en general.

Entre los aymaras la propiedad de la tierra es prioritariamente comunitaria y, a pesar de las expoliaciones y de toda clase de presiones por parte de la sociedad urbana, tanto en tiempo de la Colonia como de la época republicana, tendientes a privatizar la propiedad, esta se ha mantenido jurídicamente colectiva en casi todas las comunidades indígenas que se libraron de ser haciendas.

Cada familia conoce desde tiempo inmemorial los terrenos de su uso. Aunque la Reforma Agraria previó la propiedad colectiva y cooperativa, en la práctica ha acelerado el proceso de parcelación individual. Prácticamente todas las titulaciones de ex-haciendas, y la mayoría de las dotaciones en las zonas de colonización se han hecho en forma de propiedades familiares individuales. Aunque algunas comunidades originarias han obtenido esta titulación individual, de todos modos siempre (aún en las tierras de ex-propiedad colectiva) el derecho primigenio de la comunidad sobre sus miembros se manifiestan eficazmente en momentos especiales, como asignar terrenos que han quedado vacantes o el de decidir qué terrenos de uso privado han de pasar a uso común para satisfacer alguna necesidad pública como escuela, capilla, etc., o incluso para expulsar de sus terrenos a algún miembro que por su mal comportamiento no merezca seguir usando terrenos en la comunidad.

En este sentido es interesante el concepto de tierras AYNUQAS o AYNOQAS; son tierras pertenecientes a la comunidad y destinadas al cultivo en forma rotativa, con períodos de descanso. Cada familia de la comunidad suele tener, dentro de estos terrenos AYNUQAS, una o varias parcelas que usufructúa en forma personal, pero sincronizada con la actividad agrícola de los demás. A estas parcelas individuales dentro de las tierras AYNUQAS se les llama QALLPAS.

En la mayor parte del Altiplano, los mismos terrenos se dedican a la agricultura durante dos, tres o más años y después se les deja en descanso durante un número de año que varía según el tipo de terreno. A lo largo de esos años de descanso, estos terrenos sirven para el pastoreo colectivo, cambiando los derechos de usufructo. Un determinado terreno puede haber sido cultivado por una familia desde tiempos inmemoriales en los períodos de cultivo (QALLPA) y pasar a otra familia o al pastoreo colectivo durante los años de descanso de la tierra.

Entre las instituciones aymaras de propiedad compartida podemos citar también la RAMA que, sobre todo, se refiere a la celebración de la PACHAMAMA. En esta celebración el pasante principal dona una oveja y el resto de los comunarios colaboran con otros alimentos, bebidas u objetos para el ritual.

El ARCO se refiere a la puesta en común de dinero, alimentos, bebidas… con ocasión de alguna fiesta.

En toda la región aymara la forma más común de crear un fondo para emprender alguna obra comunaria es el sistema de cuotas que pueden ser aportación en dinero, en bienes concretos o en horas de trabajo.

El profundo sentido de servicio a la comunidad por el sistema de turnos aparece en una larga serie de tradiciones comunales. El concepto mismo de autoridad se expresa como un servicio al grupo. La original «democracia aymara» se manifiesta en el sistema rotativo de los cargos públicos de modo que todos los miembros vayan ocupando por turno los diversos cargos necesarios para el funcionamiento de la comunidad. La igualdad de oportunidades se considera como un criterio más importante que la aptitud o preparación pata ejercer un cargo. Es cierto que esto lleva a veces a que la actividad comunal sea estática o cíclica, pero no hay duda de que fomenta el sentido comunitario y el control de grupo. Este sistema genera también una cierta «mística de servicio a la comunidad» que se expresa en una actitud de disponibilidad y no en sentimientos de poder o de honor, como en nuestras culturas occidentales.

Es muy común que el grupo múltiple de autoridades (CORREGIDOR, JILACATA, MALKUS, secretario general del sindicato, etc.) actúen de común acuerdo y que las autoridades de los años anteriores ejerzan cierto rango de consultores informales para los asuntos más importantes.

Entre las instituciones en las que se halla más presente el concepto de reciprocidad de bienes o de labores, las más comunes están comprendidas bajo el nombre genérico de AYNI, que designa siempre un tipo de intercambio que exige reciprocidad estricta.

Sin embargo, en ningún momento el sentido de decisión comunitario se limita a lo que hagan o digan las autoridades nombradas. Normalmente cualquier decisión un poco importante debe ser sometida al juicio de la asamblea comunitaria, en la que participan activamente todos los jefes de la familia. El jefe de la familia, por su parte, consulta con su mujer dentro de una perspectiva familiar. Generalmente las asambleas de la comunidad, sobre todo cuando se tratan asuntos internos al grupo, son un verdadero foro de expresión y de proceso colectivo de decisiones que sorprende al forastero por el alto grado de participación y por el sentido de respeto a la opinión ajena, así como por el profundo concepto de democracia real.

La frecuencia de estas asambleas varía según las circunstancias. Algunas comunidades se reúnen mensualmente; otras lo hacen cuando se presenta algún asunto grave y urgente. La asamblea suele realizarse a nivel de la propia comunidad pero, en algunos lugares, donde persiste la idea de una MARKA con varios AYLLUS, la asamblea puede incluir a representantes de toda la MARKA.

Esta democracia rotativa no se limita al desempeño de los cargos públicos o a la toma de decisiones. Alcanza también a la distribución equitativa de las obligaciones onerosas como cuotas, trabajos colectivos, etc.

Como puede apreciarse, el fuerte sentido comunitario del aymara es un hecho, sobre todo si consideramos en conjunto la variedad y vivencia de toas estas instituciones de mutua ayuda. A ello se debe el que la gran mayoría de las escuelas y edificios públicos del campo hayan sido construidos, total o parcialmente, por la comunidad. Lo mismo se puede decir de las iglesias o capillas. Debemos destacar también el profundo sentido social de las fiestas religiosas así como la idea acendrada de pertenencia al grupo familiar y comunal. Es digno de destacarse también el sentido de equidad en la redistribución de los recursos vacantes, como también la colaboración a los miembros más necesitados, de tal modo que si bien en la comunidad aymara todos son pobres, nadie es indigente.

Es evidente, por lo tanto, que el aymara tiene un fuerte sentido de grupo que no solo se manifiesta en sus costumbres comunitarias, o en la tenencia colectiva de la tierra, o en formas solidarias de trabajos comunes, sino también en la resistencia colectiva a la desintegración cultural, e incluso en la formación de movimientos de gran contenido racial. Sin negar este admirable «espíritu de cuerpo», debemos aceptar la coexistencia de tendencias divisionistas o individualistas que son incentivadas, no pocas veces, por personas e instituciones ajenas al mundo aymara en su acción dominadora y desintegradora.


ESTE ES UN SUBCAPÍTULO DEL TEXTO EL COOPERATIVISMO Y LA COMUNIDAD INDÍGENA, DE GREGORIO IRIARTE, EDITADO Y ENLAZADO POR CHAMBA.COOP.

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