Las Coordinadoras Interfabriles de Capital y Gran Buenos Aires (1975-1976): un estado del arte

Por Melisa Slatman, Florencia Rodriguez, Natalia Lascano

Este trabajo se propone analizar la producción sobre la experiencia de las Coordinadoras Interfabriles que surgen en Capital Federal y Gran Buenos Aires durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón.

Buscamos reconocer la particularidad de la experiencia organizativa llevada a cabo por una fracción de los trabajadores en el marco del tercer gobierno peronista.

1975-1976

Según los trabajos que estamos revisando, las CI surgen con fuerza al comienzo de las jornadas de Junio y Julio, a partir de la articulación entre las organizaciones que agrupan a los obreros por lugar de trabajo (comisiones internas y cuerpos de delegados), no por rama sino por zona. Su objetivo era superar el aislamiento de las luchas en el interior de las unidades de producción, principalmente automotrices y astilleros. Nuclearon a sectores del movimiento obrero que desde posiciones políticas radicales enfrentaron a las direcciones de los sindicatos de los que formaban parte. Es un espacio de acción común al estilo de Frente Único polipartidario nucleando estrategias peronistas de izquierda, trotskistas y de la denominada nueva izquierda. En el Área Metropolitana de Buenos Aires actuaron cuatro CI zonales: Norte, Sur, Oeste y Capital. También tuvieron importancia las CI de la zona de La Plata, Berisso y Ensenada.

La reunión por abajo de los trabajadores de las distintas industrias es una pauta de que las Coordinadoras se constituyen como organismos para la lucha política.

Las CI no se pretendieron como estructura sindical paralela sino que bregaban por la recuperación desde una perspectiva clasista de los órganos institucionales tradicionales de representación sindical. El devenir del movimiento las irá llenando de significados diversos y contradictorios. Su práctica política se basó en la democracia obrera, evidente tanto en la convivencia de diferentes tendencias políticas como en el funcionamiento de las asambleas de base por cada fábrica, cuerpos de delegados votados democráticamente y mandatados para coordinar en los plenarios zonales las acciones a seguir. Las decisiones se tomaban combinando consenso y unanimidad, como forma de evitar la manipulación de los mandatos de las bases.

Desde su surgimiento intentaron contemplar en sus programas objetivos económicos - defensa de la paritarias, exigencia de un salario mínimo-, políticos –derecho a la democracia sindical y la libertad de los presos políticos- y organizativos – difusión de la coordinadora como factor que actúe como condicionante del accionar de la CGT.

En cuanto a su fortaleza numérica, podemos evaluarla de acuerdo con cálculos estimativos ligados a su capacidad de movilización. De acuerdo con el estudio que realiza Löbbe llegan a 20.000 las personas movilizadas durante la protesta frente al edificio de la CGT el 30 de Junio (Löbbe 2006: 129). Particularizando en la cuantificación del movimiento Castillo agrega que se trata de: «al menos 113 fábricas y establecimientos, en su gran mayoría medianos y grandes, agrupando alrededor de 160.000 (sic) trabajadores, que tomaron parte activa en sus plenarios y reuniones, considerando solamente Capital Federal y las zonas norte, sur y oeste del Gran Buenos Aires (…) De este total, 51 se localizan en la zona norte del Gran Buenos Aires, 23 en la zona sur (…) 19 en la zona oeste y 20 en la Capital Federal». (Castillo:15)

Las CI no se pretendieron como estructura sindical paralela sino que bregaban por la recuperación desde una perspectiva clasista de los órganos institucionales tradicionales de representación sindical.

Las CI realizaron al menos tres plenarios generales que apuntaban a masificar la instancia. El 20 de Julio en Beccar, tiene lugar el último plenario. Producto del contexto altamente represivo el número de asistentes fue llamativamente bajo. Posteriormente la dinámica de coordinación será más expeditiva y convocará a menos representantes, en un mayor numero de instancias de enlace menos numerosas.

Las CI continuarán actuando, apareciendo con renovada fuerza durante Marzo del 76 en la lucha contra el Plan Mondelli, aunque la salida militar a la crisis ya estaba planteada y se concretó el 24 de Marzo.

Estrategias de los trabajadores: Las CI y la CGT en las Jornadas del 75

Mientras que para algunos autores las CI aparecen prácticamente como la única instancia de organización de las luchas, otros resaltan también la representatividad que las conducciones sindicales nacionales seguían teniendo.

Las decisiones se tomaban combinando consenso y unanimidad, como forma de evitar la manipulación de los mandatos de las bases.

Colom y Salomone (1997) sostienen que las CI y los organismos de base jugaron el rol central en la convocatoria y movilización contra el Plan Rodrigo: «Las luchas que impulsan las Coordinadoras (…) durante un gobierno peronista marca una fractura a nivel político ideológico: el inicio de una transición hacia nuevas formas de conciencia y organización obrera, caracterizadas por la pérdida efectiva del control de las bases por parte de la burocracia sindical, y el comienzo de la ruptura ideológica de las mismas con el peronismo. El golpe militar interrumpe ese proceso». (Colom y Salomone 1997:112)

Mientras tanto, a la CGT y las 62 organizaciones la única finalidad que se les asigna es la de intentar desmovilizar y sepultar el movimiento, ya sin representación real, incluso cuando convocan a acciones de lucha, como la movilización del 27 de junio o la huelga general del 7 y 8 de Julio.

Desde una posición similar, Löbbe critica a las visiones que sólo analizan el conflicto desde el accionar de la CGT: «Sostenemos que, centralmente, se estaba produciendo un singular proceso de conducción alternativa de hecho de las acciones obreras, encarnado en las Coordinadoras ínterfabriles, con actuación y presencia hasta el golpe militar del 76». (Löbbe 2006:136).

Resulta llamativa una crítica englobadora que incluye en la misma línea planteos estrictamente institucionalistas como los de Torre (1983), y los de Cotarelo y Fernandez (1997 y 1998). Creemos que éstos tienen una visión mucho más compleja y matizada, reconociendo la existencia de distintas estrategias al interior de la clase, sin negar una ni otra.

Sostenemos que, centralmente, se estaba produciendo un singular proceso de conducción alternativa de hecho de las acciones obreras, encarnado en las Coordinadoras Interfabriles, con actuación y presencia hasta el golpe militar del 76.

Los artículos de PIMSA, resaltan el rol de las Coordinadoras y los sectores más combativos, a la vez que identifican sus límites: la falta de proyección nacional del programa: «... que sólo la CGT disponga de la capacidad para convocar a una huelga general que de hecho toma forma nacional indica que las organizaciones y direcciones político-sindicales que no forman parte del sistema institucional, aunque hayan iniciado una efectiva disputa por la conducción del movimiento obrero (…) no están en condiciones de centralizar y nacionalizar la lucha por su cuenta». (Cotarelo y Fernandez, 1997: 123)

Estos autores plantean el conflicto entre estrategias de la clase, más que ideologías. Así, rescatan el rol de las conducciones nacionales como representantes de otra estrategia al interior de la clase obrera, y no como meros organismos superestructurales al servicio de la reproducción estatal: «La oposición a la política económica del gobierno y a la presencia en éste de la línea encabezada por López Rega es común al conjunto de los participantes de la lucha; pero mientras que para una parte esta lucha constituye sólo un paso, un medio para acumular fuerzas, en una estrategia que apunta a superar el sistema vigente, para otros – la mayoría - se trata de mantener su espacio dentro de la alianza social que integran y del sistema institucional». (Cotarelo y Fernández 1997:140)

Colom y Salomone (1997) sostienen que las CI y los organismos de base jugaron el rol central en la convocatoria y movilización contra el Plan Rodrigo.

Paradeda resalta los límites de la fuerza que se movilizaba organizada en las CI y propone como conclusión provisoria que éstos actuaron como límite para reeditar «cordobazo» de dimensiones nacionales: «La reunión por abajo de los trabajadores de las distintas industrias es una pauta de que las Coordinadoras se constituyen como organismos para la lucha política, aunque por el carácter defensivo del movimiento, las diferencias entre las corrientes políticas que participaban y su escasa masividad, tanto obrera como de otros sectores sociales, la lucha política se limitará a la caída de los ministros. (…) Esto permitió que la central sindical capitalizara el conflicto, a pesar del incómodo lugar». (Paradeda 2002: 30)


ESTE ES UN FRAGMENTO DEL ARTÍCULO «LAS COORDINADORAS INTERFABRILES DE CAPITAL Y GRAN BUENOS AIRES (1975-1976): UN ESTADO DEL ARTE» DE MELISA SLATMAN, FLORENCIA RODRÍGUEZ Y NATALIA LASCANO PUBLICADO EN REDALYC.ORG, ENLAZADO POR CHAMBA.COOP.