Las colectivizaciones de la Revolución Española

Por Antonio Pérez

Las llamadas Colectivizaciones son el prodigio libertario más censurado y, por ende, menos conocido de la Revolución Española (1936-1939, más conocida como Guerra Civil)

España, 1936-1939

Es fama en España que el cardenal Cascajares predicó a la reina María Cristina que la Patria recién derrotada por los EEUU sólo podía confiar en un salvador: Joaquín Costa. Este filósofo y político había publicado en 1898 el libro Colectivismo agrario en España, un clásico en el que abogaba por recuperar la tradición que campea en el título. Cuatro décadas después, el colectivismo se implantó en Monzón, el pueblo natal de Costa. Lo que no consiguió el cardenal, lo lograron ─efímeramente─ los paisanos de aquel polifacético regeneracionista.

Las llamadas Colectivizaciones son el prodigio libertario más censurado y, por ende, menos conocido de la Revolución Española (1936-1939, más conocida como Guerra Civil) Así lo admitían voces nada sospechosas; por ejemplo, en 1939, recién culminada la victoria militar del nacional-catolicismo, el filósofo marxista Karl Korsch, denunciaba una conspiración: «del silencio y de la desfiguración... que ha borrado casi por completo el aspecto auténticamente revolucionario de los recientes acontecimientos españoles».

Apropiarse colectivamente de los medios de producción agrarios, industriales y de servicios, aunque fuera una necesidad para vencer al Golpe franquista, no fue una medida aceptada unánimemente por el resto de las fuerzas republicanas no anarquistas. Las diferencias con otras ideologías anti-fascistas quedaron reflejadas en el Decreto de Colectivizaciones –al que el pueblo añadió y Control Obrero- que se dictó en Catalunya. J.P. Fábregas, afiliado al sindicato anarquista, y que tuvo un papel protagónico en el Decreto, lo define así:

El colectivismo inspirado en las teorías marxistas… distribuye la riqueza social entre los trabajadores en proporción al trabajo que realicen o al servicio que presten… El colectivismo inspirado en las teorías libertarias… distribuye los beneficios de la riqueza social teniendo en cuenta las necesidades individuales de cada uno y no su capacidad de trabajo intelectual o manual

Por tanto, se ponía en práctica el clásico lema anarquista de "a cada cual según sus necesidades, de cada cual según sus capacidades".

Pero la autogestión que sustentaba las Colectivizaciones fue más allá de la apropiación colectiva de los medios de producción. De hecho, impregnó el comportamiento bélico republicano llevándolo hasta el heroísmo: ¿cómo fue posible que, tras dos años de agresión nazi-fascista, el República se mantuviera durante todo el año 1938 a pesar de haber perdido mucha población y grandes territorios? Mintz nos proporciona datos para sospechar que ello fue posible porque el 35 % del proletariado republicano aún se regía por la autogestión.

Lo que se hizo colectivo

Transcurridos unos 80 años desde que florecieron, todavía es casi imposible calcular la extensión y la profundidad de las Colectivizaciones. A efectos documentales, en primer lugar porque la represión franquista se abatió sobre ellas con mayor meticulosidad y crueldad, si cabe, que sobre el resto de los republicanos; por ello, sus fuentes principales ─los archivos anarquistas─ se vieron mermados en el exilio cuando no incautados y destruidos en lo que quedó de España. En segundo lugar, porque sus hazañas y estadísticas fueron censuradas y manipuladas por otras fuerzas republicanas ─y lo siguen siendo. En suma, sólo sabemos que fueron una parte importante de la Revolución.

A pesar de todo ello, existen muchos estudios monográficos sobre su peripecia en docenas de pueblos pero todavía no se han publicado apenas obras que abarquen su influencia general en toda España. Si acaso, existen estimaciones precariamente fundamentadas; por ejemplo, Leval calcula en más de tres millones las personas que tomaron parte en los experimentos de economía colectivizada ─un 12 % de los 25 millones que habitaban España en 1936-1939. Sin embargo, Mintz rebaja esa cantidad a menos de 2 millones.

Colectivizaciones agrarias

En 1936, España era un país fundamentalmente agrícola; sólo el 20 % de la población vivía en municipios con más de 50.000 habitantes. Buena parte del campesinado sufría bajo una economía de mera subsistencia. Por ello, en 1936 el agro se colectivizó automática y casi espontáneamente ─sobre todo, en Aragón donde llegó a haber 300.000 colectivizados frente a 150.000 no colectivizados. Pero el sacudón rural no llegó a tsunami porque no tocó la pequeña propiedad ni disputó al Estado la propiedad legal de las tierras comunales. Los latifundios sí fueron expropiados y su maquinaria, entregada a los peones. En general, se calcula que se expropió sólo el 15 % de la tierra útil y de ésta, fue colectivizada sólo un 30 %. Aun con estas limitaciones, en agosto de 1938, cuando el ejército franquista ya había devorado buena parte del territorio republicano, el número de colectividades agrícolas todavía oscilaba entre un mínimo de 1.280 y un máximo de 2.213, siendo ambas cifras simples estimaciones con tendencia reduccionista.

Uno de los logros de las Colectivizaciones agrarias que más tinta ha hecho correr es la supuesta abolición del dinero; sin embargo, no fue así exactamente sino que se redujo la circulación del dinero estatal sustituyéndolo por moneda local materializada en bonos. Es decir, se autonomizó el dinero a escala pueblerina o comarcal. Esta medida prefigura la evolución del capitalismo actual, próspero entre otras triquiñuelas gracias a burlar el monopolio de los Bancos estatales mediante el uso de monedas paralelas (cupones, tickets, cestas, descuentos, etc.) Pero, en aquella España de empobrecido campo, las Colectivizaciones tuvieron que recurrir a menudo al modo de intercambio más conocido por el campesinado: el Trueque.

Una vez resuelto el problema del hambre, estas Colectivizaciones se esforzaron en mejorar la instrucción y la sanidad. Pero no creamos que alcanzaron el Paraíso ─solamente apagaron las peores llamas del infierno.

Colectivizaciones industriales y de servicios

Más difícil resulta cuantificar las Colectivizaciones industriales. Para empezar porque, mientras que las implantadas en el agro estaban inscritas en la veterana tradición de las revueltas campesinas y podría decirse que estuvieron “pensadas” desde antes del Golpe franquista, el área industrial era más imprevisible. Y porque la lucha campesina tenía unos claros enemigos ─el amo y el capataz─, mientras que la lucha obrera se desarrollaba en un panorama más complejo, menos compacto, sin enemigos, con escalones de poder más insidiosos y, para colmo, en un escenario urbano.

No debemos ocultar que hubo claros desajustes entre los tres tipos de Colectivizaciones. Ejemplo: los obreros de las industrias de guerra cobraban 200 pesetas semanales y las empresas colectivizadas pagaban unas 140 pesetas semanales mientras que las colectividades rurales se quedaban en 70 pesetas. Parecía necesario que los obreros “bélicos” ganaran casi tres veces más que los campesinos pero que los obreros urbanos ganaran el doble que los rurales levantó bastantes suspicacias ─por más que para atenuar la desigualdad se creara una Caja de compensación.

En todo caso, las fábricas de más de 100 obreros fueron socializadas; aquellas que tenían entre 50 y 100 obreros, podían ser socializadas si así lo pedían tres cuartas partes de la plantilla. Pero hay que señalar que el miedo de los trabajadores manuales a la Colectivización fue general: pequeños talleres y comercios, técnicos, funcionarios… preferían, en parte, conservar su propiedad privada o la estatalización. De ahí que, en 1937, un sindicato barcelonés propagara el lema: ¿Colectivización? ¿Nacionalización? No: Socialización. Hoy, este eslogan nos resulta de enrevesada traducción pero nos ayuda a entender el enorme grado de finura ideológica al que se había llegado en plena guerra.

La productividad de las empresas urbanas colectivizadas sorprendió a los fascistas y todavía sorprende a los estudiosos. El ingenio popular catalán logró en pocos meses que la industria metalúrgica fuera transformada en industria bélica. Igual ocurrió con el sector químico. En octubre de 1937, había más de 400 fábricas con 40.000 personas trabajando. En siete semanas se hizo en Catalunya lo que en Francia costó 14 meses durante la Segunda Guerra Mundial (apud A. Castells)

Finalmente, aún más difícil es calcular la extensión de las Colectivizaciones en el sector Servicios. ¿En qué tipo de colectivo habría que incluir a los maestros y sanitarios que se fueron a servir a los pueblos?; un sector tan tradicionalmente importante en España como es la hostelería, ¿es servicio o es industria gastronómica?

La vida cotidiana

Es relativamente conocido que, gracias a las Colectivizaciones, en muchos pueblos y barrios se eliminó el comercio especulativo al por menor, se abolió el tabaco ─previa unanimidad de los consumidores, no bastó el consenso─, se gravaron duramente el café y el alcohol y se intentó erradicar la prostitución. Pero hay más: antes de la Revolución, en Barcelona se metía a los niños y viejos de la calle en un depósito de aguas, húmedo, sin ventanas, frío… hasta que, como respuesta inmediata al Golpe, un grupo de anarquistas se apoderó de un colegio de monjas y refugiaron en él a todas las personas abandonadas. Es sólo un ejemplo pero, en general, la sanidad pública mejoró, los médicos trabajaban media jornada en ella y la otra media en su consulta privada, por primera vez hubo asistencia psiquiátrica y en tres meses de guerra se construyeron seis hospitales.

Asimismo, en el boxeo se prohibieron los golpes ─surrealismo cinético─ y en el canódromo, se suprimieron las apuestas, ejemplos de que aquello fue una colectivización social más allá del anarquismo. La sociedad eliminó las relaciones de superioridad entre las personas y también el machismo, las mujeres decidían cómo vestirse, las parejas iban de la mano. Hubo represalias contra los asesinos franquistas, claro está, pero las comarcas con un mayor porcentaje de ejecuciones de golpistas fueron las zonas agrarias de Tarragona y Lleida, donde el sindicato anarquista ─la CNT─ no tenía mucha implantación (apud M. Izard)

Valga este último párrafo para contrarrestar el absurdo tópico de que los anarquistas son intrínsecamente violentos. Y valgan los párrafos anteriores para romper el tópico no menos arraigado de que las Colectivizaciones fueron eutopías efímeras porque no supieron producir; por el contrario, incluso con el abrumador obstáculo de la guerra, crearon más riqueza que con el capitalismo. Y, sobre todo, la distribuyeron eficaz y equitativamente ─por ello todavía hoy son anatema.

Otras fuentes

Bernecker, Walther L. El anarquismo en la guerra civil española. Estado de la cuestión. Accesible en  http://revistas.ucm.es/index.php/CHCO/article/view/CHCO9292110091A/7110  Artículo del año 1992 que ofrece un panorama sintético sobre los avances investigativos conocidos hasta ese año. Menciona a las Colectivizaciones ─sobre las que escribió un volumen- sólo en relación a la Guerra.

Leval, Gaston. Colectividades libertarias en España. Accesible en http://www.kclibertaria.comyr.com/lpdf/l254.pdf Escrita in situ, observa los tres tipos de colectivizaciones: agraria, industrial y de servicios. No fue publicada hasta 1971 ─en francés-; desde 1972, existen varias ediciones en castellano.

Souchy, Agustín y Paul Folgare. Colectivizaciones. La obra constructiva de la revolución española. Accesible en www.workerscontrol.net/system/files/docs/Souchy-Folgare%20Colectivizaciones.pdf Centrada en Aragón, esta obra tiene el mérito de haber sido escrita en 1937, en medio de la Guerra. Reeditada en 1965 en Toulouse; desde los años 1970’s ha conocido varias traducciones y reediciones.

Mintz, Frank. Autogestión y anarcosindicalismo en la España revolucionaria. Accesible en muchos sites: http://www.rojinegros.es/mediapool/87/875851/data/Nueva_carpeta_1_/autogestion_y_anarquismo_Frank_Mintz.pdf Publicada en 2006, cubre teoría y práctica y ofrece datos más contrastados y actualizados que las dos obras anteriores.

Potionkym, Marco y Manuel Gómez. Sueños colectivos. Revolución social en el Alto Aragón. Película documental del año 2011. Accesible en http://trompetaverde.com/2017/03/31/030417-doc-suenos-colectivos-2011/ y también en https://www.youtube.com/watch?v=cMhb9RHrqsY