La red cooperativa Cecosesola: una experiencia de transformación cultural

Por Colectivo de autoras y autores de Cecosesola

La Red Cooperativa Cecosesola (Central Cooperativa de Servicios Sociales del estado Lara), conformada por más de 50 organizaciones comunitarias de los sectores populares de la región centro occidental de Venezuela, ha desarrollado actividades agrícolas, de producción industrial, ahorro y crédito, funeraria, salud y consumo.

1967

Una red de salud popular que atiende a más de 220 mil personas al año; que comprende cinco consultorios, cuatro laboratorios y un hospital cooperativo que integra la medicina convencional y la tradicional, con precios equivalentes a menos del 50% respecto de las clínicas privadas.

Una red funeraria que garantiza a más de 150 mil personas un entierro decente, mediante la cancelación de un aporte solidario semanal por familia.

Una red de producción y distribución de alimentos y artículos de limpieza que moviliza más de 10 000 toneladas mensuales, con precios 30% inferiores a los ofertados en el mercado. Todo esto es posible gracias a 13 organizaciones campesinas, integradas por más de 250 pequeños productores y productoras, 25 abastos cooperativos, ubicados en los sectores populares, y 9 pequeñas unidades de producción familiar.

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EL COMIENZO

Todo empezó en 1967, cuando 10 pequeñas y recién creadas cooperativas de ahorro y crédito, ubicadas en los sectores de menores recursos de Barquisimeto y los alrededores de la región, deciden crear un organismo de integración para garantizar un servicio funerario digno para las personas asociadas.

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El primer grupo de trabajadores del servicio funerario cooperativo no se diferenciaba de las otras empresas. Es más, recibían salarios más bajos, porque se privilegiaba el trabajo voluntario por encima del asalariado. Este grupo de trabajadores no tenía ninguna participación en las decisiones. Estas eran asumidas por un consejo de administración, representado por un gerente.

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Ya para comienzos de los años 70, esta mística empezó a esfumarse: Cecosesola se burocratizaba como una empresa más. Fue entonces cuando nos formulamos un cuestionamiento sobre nuestra razón de ser. Discutíamos si Cecosesola era una empresa de sus asociados y solo para sus asociados, o un movimiento popular comprometido con su entorno comunitario.

Fruto de esa reflexión, en 1976, se inició un rompimiento con lo que venía siendo Cecosesola al momento que asumimos con 130 autobuses, la mayor parte del servicio autobusero de la ciudad de Barquisimeto, la cuarta ciudad más poblada del país en ese entonces.

Una primera ruptura sucedió al pasar de una pequeña funeraria, creada para servir a sus asociados, a gestionar un servicio público donde todas las personas se pudieran beneficiar por igual.

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UN CAMBIO DE DIRECCIÓN

Las movilizaciones populares, en aras de mantener el precio del pasaje, terminaron uniendo a la mayoría de los partidos políticos en contra de Cecosesola. En 1980, nuestros buses e instalaciones fueron incautadas y destruidas por el gobierno de turno, y nos acusaron de ser militantes de la extrema izquierda. Como consecuencia, Cecosesola terminó con pérdidas que llegaron a superar por treinta veces el capital aportado. Según los economistas, Cecosesola era irrecuperable.

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¿CÓMO ENCARAR LAS RELACIONES DE PODER Y LIDERAZGO?

Mientras conversábamos sobre la experiencia del transporte cooperativo, nos fuimos convenciendo de que había una contradicción entre la lucha reivindicativa y un proceso donde se van desdibujando las relaciones de poder, donde todos podemos participar en igualdad de oportunidades, para asumir responsabilidades y tomar decisiones.

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Sin embargo, en la tradición de la civilización patriarcal, el liderazgo suele concretarse en el género masculino. En Cecosesola, la dinámica de la rotación en las tareas (caja, cocina, unidad de compras, contabilidad, coordinación de víveres y de verduras), facilita la participación equitativa de ambos géneros en esas tareas, así como en la planificación, evaluación y reflexión en las reuniones. Estamos desdibujando, de esta manera, el liderazgo como tal, y la posible conflictividad jerárquica entre los géneros.

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INCIDIENDO SOBRE NUESTRA REALIDAD CULTURAL

Partimos de que vivimos inmersos en una cultura que propicia el facilismo y que valora al que más logra con el menor esfuerzo. El mayor insulto nacional es “ser pendejo”, es decir no saber “aprovechar” personalmente una oportunidad que se le presentó. Por eso, las libertades que nos damos pueden verse, por algunos, como una tremenda oportunidad para el saqueo. De hecho, y no en pocas ocasiones, hemos estado expuestos a presiones sociales de amistades y familiares, para aprovechar la oportunidad que existe y beneficiarnos personalmente o a los allegados.

LA IMPORTANCIA DE LA DISCIPLINA COLECTIVA

Frente a los procesos de construcción de nuevos tipos de liderazgo no tensionado por las jerarquías, es fundamental estar pendientes de que el vacío de poder, creado con el fin de generar un proceso de transformación personal y organizacional, se mantenga resguardado sobre la base de una disciplina colectiva construida entre todos, en el que se exija el respeto de los criterios acordados (de hacernos las observaciones correspondientes, cuando detectamos una acción o una actitud de irrespeto a lo que acordamos por consenso). De no hacerlo, se abren las compuertas a la corrupción. Hace poco, supimos que en una cooperativa se estaba irrespetando el acuerdo de llevarnos solo una cantidad limitada de los productos regulados por el Estado y escasos. En el transcurso de todo un intenso proceso de reflexión crítica, surgieron otros hechos dolosos, lo que exigió reestructurar la cooperativa casi por completo.

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CONSTRUYENDO UN NOSOTRAS-NOSOTROS INCLUSIVO

Hemos encontrado un buen punto de partida para ir construyendo un nosotras-nosotros cada vez más inclusivo. En nuestra cultura, la tendencia al aprovechamiento no se queda en el individuo. El accionar individualista, en muchos casos, involucra al entorno íntimo conformado por familiares cercanos y amigos, con quienes se tiende a compartir solidariamente el botín conseguido.

Tal comportamiento refleja un individualismo grupal que insinúa un nosotras-nosotros basado en la conveniencia, y no en la voluntad colectiva de construir una transformación. De hecho, la ampliación del vínculo del nosotras-nosotros es un aspecto fundamental de nuestro proceso de transformación personal, cuyo punto de partida, en unos casos, se puede ubicar en esta realidad cultural.

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INVENTAMOS O ERRAMOS

Después de la destrucción de nuestros autobuses, entramos en un período largo de sobrevivencia, convencidos de que teníamos que encontrar otra actividad económica que permitiera pagar las enormes deudas contraídas, y darle continuidad al proceso participativo iniciado en el transporte cooperativo.

Aprendimos a crear actividades económicas exitosas en una situación de extrema precariedad.

En medio de la situación tan precaria que vivíamos en los años 80, como consecuencia de las pérdidas generadas en el transporte cooperativo, tuvimos que desarrollar toda nuestra creatividad para iniciar nuestra red de distribución de alimentos, utilizando los recursos que podríamos tener a la mano.

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En la actualidad, intentamos gestionar todas nuestras actividades con el criterio del autofinanciamiento, ya que el esfuerzo para lograr cualquier propósito se convierte en un elemento formativo importante que genera entusiasmo y un sentido de identidad.

En nuestras diferentes actividades no existe una división de trabajo. Como parte del proceso, todos vamos disponiéndonos a efectuar cualquier tarea que se encuentre dentro de nuestras capacidades, según lo acordado en nuestras reuniones. Esto nos posibilita adquirir una visión global, al tiempo que aprendemos numerosos oficios.

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Un ejemplo de nuestra manera de tomar decisiones se dio en el 2003, cuando los partidos de oposición, junto con el sector privado y la gerencia de la empresa estatal petrolera (PDVSA), propiciaron un paro contra el gobierno de turno. En ese momento, los partidos de oposición nos solicitaron plegarnos a esa medida, a través de la restricción de la venta de alimentos.

Si bien en nuestro movimiento, como en el resto del país, conviven opiniones políticas polarizadas, no fue necesario convocar a una asamblea de cooperativistas para llegar a un acuerdo. El consenso ya existía. La decisión consensual la podía tomar cualquiera de nosotros, en concordancia con uno de nuestros criterios colectivos fundamentales referido a no involucrarnos en luchas por el poder. Es así que mantuvimos nuestros servicios abiertos y, hasta el día de hoy, nadie dentro nuestro movimiento ha expresado su desacuerdo con la decisión.

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CONSTRUYENDO EQUIDAD

Como criterio se intenta que los ingresos de los trabajadores de la red sean lo más equitativos posibles. En cada actividad, por lo general, recibimos un mismo ingreso, que es complementado, para quienes tienen hijos, con un bono por cada descendiente menor de 15 años. La excepción, por ahora, son los médicos: la mayoría cobra por persona atendida.

Para ir construyendo equidad económica, el valor de los intercambios internos no se guía por los precios del mercado. Por ejemplo, los precios de los productos provenientes de la red interna, se guían por criterios de precios justos, sobre la base de los costos de producción más los márgenes de ganancia consensuados.

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EL COMPONENTE POLÍTICO Y LAS RELACIONES CON EL ESTADO

Desde los años 90, ya teníamos claridad en relación con que nuestro proceso necesitaba realizarse al margen de las luchas por el poder, y que nuestra autonomía era una condición necesaria. Estábamos claros sobre la importancia de no tener relaciones de dependencia que pudiesen torcer el rumbo del proceso. Por ejemplo, usualmente los financiamientos externos condicionan la propia organización interna y exigen cargos burocráticos que respondan ante el financista, además de otras condiciones exógenas al proceso. En los años 90, en dos ocasiones, los gobiernos de turno nos ofrecieron importantes donaciones que rechazamos, justamente porque considerábamos que podrían contribuir a desviar el rumbo del proceso.

Comenzando el gobierno del presidente Chávez, se nos invitó a participar y ofrecer sugerencias para redactar la nueva Constitución. Muchas de nuestras observaciones fueron recogidas en el texto final. Seguidamente, participamos en la redacción de la nueva ley cooperativa, y logramos que se reconociera la especificidad del trabajo asociado, no dependiente de un patrón, así como la libertad de crear nuestras propias formas organizativas, que trascienden la estructura cooperativa tradicional.

Aunque la Superintendencia Nacional de Cooperativas (SUNACOOP) nunca ha reconocido esta interpretación del texto, esto nos permitió legalizar unos estatutos sin directiva y sin líneas de mando. Para nosotros, esto marcó un paso muy importante para nuestra autonomía, ya que hasta ese momento nos veíamos obligados a elegir cargos directivos aunque hubiese un acuerdo tácito interno para que estos cargos no se ejercieran.

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Solo esperamos que nuestra experiencia sirva de inspiración en el sentido de que sí es posible ir construyendo otro mundo, al profundizar relaciones de respeto y confianza en las actividades cotidianas, y al abrir la posibilidad de desarrollar todas las potencialidades del ser humano.

Si bien, muchas emociones inducidas por nuestra cultura dificultan el camino, tenemos la convicción de que la naturaleza humana se realiza y florece en estas relaciones de armonía y respeto.

Solo hace falta la voluntad y el deseo para que vayamos labrando nuestro propio camino.


ESTA ES UNA VERSIÓN DEL ARTÍCULO VENEZUELA: LA RED COOPERATIVA CECOSESOLA. UNA EXPERIENCIA DE TRANSFORMACIÓN CULTURAL; ADAPTACIÓN Y EDICIÓN POR CHAMBA.COOP.