La experiencia Campesino a Campesino en Cuba

Por Braulio Machín Sosa Adilén, María Roque Jaime, Dana Rocío Ávila Lozano y Peter Michael Rosset

Fue evidente en Cuba que el camino para salir de manera definitiva de la crisis alimentaria era a través de la agroecología.

1997-2000

En diversos países del mundo –y el caso de Cuba no es muy diferente–, se ha notado cómo la divulgación de la agroecología a través del extensionismo clásico, del técnico hacia el campesino, se limita fundamentalmente al número de técnicos permitido por el presupuesto de la instituciones.

Es decir, este método no es detonador de ningún proceso autocatalítico entre el campesinado. En cambio, en el método de Campesino a Campesino (CAC), el protagonista es el campesino o la campesina, y no el técnico.

Esto constituye el más fundamental (aunque no el único) secreto de su éxito, pues como se dice en el campo: «el campesino cree más en lo que hace otro campesino que en lo que dice un técnico». Finalmente, se trata de un proceso dinamizador, que toma su propio ritmo y llega mucho más allá en menor tiempo que la asistencia de los técnicos. CAC tiene más que ver con los procesos sociales que con las tecnologías.

La verdad es que, son muchos y muy buenos los métodos agroecológicos disponibles para la producción de alimentos. El problema es que en la mayoría de los casos, su amplia diseminación y adopción se ven limitados por carencias metodológicas que terminan por constituir un problema, para lo cual CAC ofrece soluciones.

La metodología de CAC no se inventó en Cuba. En el mundo entero y a lo largo de la historia, la familia campesina ha experimentado con diferentes métodos de siembra y producción, para luego compartir de vecino a vecino el conocimiento resultante.

Fue la modernización brutal –a través del despojo y desplazamiento del conocimiento local y tradicional que acompañaron a la Revolución Verde– la que generó un quiebre entre el conocimiento tradicional y el moderno, así como el virtual abandono de muchas tradiciones importantes de cultivo.

Por fortuna, siempre han quedado conocimientos remanentes y memorias colectivas, y es sobre éstos que se construyen los métodos de CAC. En Guatemala, México y Honduras, CAC se desarrolló al margen de las organizaciones campesinas nacionales. Su caldo de cultivo fue la comunidad campesina indígena; y su base, las organizaciones comunitarias locales. Gracias a ello, su cobertura en las organizaciones de base comunitaria creció de manera rápida.

Pero más allá de esos límites no ocurrió igual, pues no contaba con estructuras organizativas que fueran más lejos de una o algunas comunidades o municipios. En cambio, en Nicaragua, CAC creció con mayor rapidez que en los casos anteriores; en buena parte, por el mayor grado de organicidad y movilización de la base campesina, producto de la Revolución Sandinista, pero también porque cayó dentro de una organización campesina de orden nacional: la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG).

El método de CAC llegó a Cuba hasta 1997. No obstante, su repercusión fue mayor aun que en Nicaragua. Más todavía, sumando las experiencias de toda Mesoamérica, CAC llegó a 30 mil familias a lo largo de 30 años.

En Cuba llegó a más de 100 mil familias en apenas una década. ¿Por qué creció más y con mayor rapidez en Cuba?, la respuesta es compleja, pero está relacionada con la mayor intencionalidad y urgencia que Cuba le otorgó a CAC.

Y también porque la ANAP organizó CAC en Cuba de manera más sistemática y, quizá, menos espontánea. La ANAP –se puede decir– agregó métodos adicionales a la «caja de herramientas» de Campesino a Campesino y refinó otros.

Arranque de CAC Las relaciones de la ANAP con organizaciones campesinas e indígenas de México, Centroamérica y el Caribe, los fructíferos intercambios con personalidades estudiosas de la agricultura sostenible y el apoyo de la cooperación internacional, facilitaron la consolidación de una visión agroecológica con el uso de una nueva metodología.

Desde la nueva perspectiva, la ANAP arrancó Campesino a Campesino en 1997, con un proyecto financiado por la ONG alemana «Pan para el Mundo», en la central provincia de Villa Clara. Su principal propósito era formar metodológicamente los recursos humanos necesarios para desarrollar el programa, mediante la identificación de los actores principales, la determinación de sus funciones y su capacitación.

A partir de 1999, el proyecto se extendió gradualmente al resto del país con el apoyo financiero de otras organizaciones, como Oxfam y el Centro Católico Francés para el Desarrollo (CCFD). Por su resultado y alcance, este proceso creó las condiciones para que dos años después CAC se convirtiera en Movimiento Nacional.

Las acciones iniciales se centraron en la formación y capacitación de los equipos de facilitación y promoción, quienes aprendían los aspectos esenciales de la metodología de Campesino a Campesino y cómo planificar, monitorear y evaluar la marcha del proceso, concebido inicialmente en tres etapas fundamentales: Problematización: basada, sobre todo, en el diagnóstico rural participativo. Experimentación: prueba y adaptación de las prácticas aprendidas a las condiciones particulares de las fincas. Promoción y multiplicación de prácticas: objetivo del programa de Campesino a Campesino.

Prácticas agroecológicas en auge durante este periodo (1997-2000)

• El tránsito de la sustitución de insumos hacia la agroecología

• Descentralización de la producción agropecuaria

• Diagnóstico Rápido Participativo (DRP)

• Integración agricultura-ganadería

• Aplicación de abonos orgánicos

• Asociaciones de cultivos (policultivos)

• Siembra de alimentos para animales (Leucaena, King grass, etc.)

• Plantas medicinales

• Inicio de viveros

• Agricultura urbana y organopónicos

Así pues, desde la experiencia cubana, la metodología de CAC se concibió como el sistema de métodos, procedimientos y técnicas que facilitan desencadenar procesos de intercambio y aprendizaje entre los campesinos(as) y sus familias, así como entre dirigentes, técnicos, investigadores y otros actores relacionados.

El objetivo fue, por supuesto, involucrar y comprometer a los actores interesados en la transformación de la agricultura hacia un modelo cada vez más sostenible, a través del análisis y las proyecciones en el propio escenario productivo y desde una perspectiva mucho más participativa.

Numerosas experiencias de Campesino a Campesino han convenido en la necesidad de trabajar con base en un programa que integre los elementos metodológicos con los tecnológicos. Para ello, el desarrollo de la metodología de CAC, desde su llegada a Cuba, se ha fundamentado sobre la base de cinco principios:

1. Empezar despacio y en pequeño

Este principio facilita la evaluación, la reflexión y la rectificación de errores, y disminuye la magnitud de los posibles riesgos. Ayuda a que los campesinos puedan participar más y administrar mejor su trabajo en la finca. Vísteme despacio que estoy de prisa.

2. Limitar la introducción de tecnologías

No es necesario introducir muchas técnicas agroecológicas a la vez. Es más rápido dominar una por una las innovaciones y consolidar e integrarlas poco a poco.

Debe comenzarse por aquellas técnicas que enfrentan y resuelven los mayores problemas productivos y, a la vez, ocasionen los menores costos iniciales; que sean fáciles de realizar y que conduzcan de manera más rápida a un resultado.

Después, se puede continuar con otras técnicas más complejas. Más vale una idea en la cabeza de cien, que cien ideas en la cabeza de uno.

3. Obtener éxito rápido y reconocible

El entusiasmo es generador de nuevas ideas, y los logros obtenidos son el más eficaz estímulo.

Este principio busca ser el motor moral en la construcción y reconocimiento de los avances del trabajo cotidiano.

La palabra convence, pero el ejemplo arrastra.

4. Experimentar en pequeña escala

Experimentar no es otra cosa que probar, comprobar, adaptar y adoptar, a partir de las necesidades, una nueva técnica o solución. Mediante este principio, el campesino se convierte en un activo experimentador e innovador y la finca, en permanente y rico laboratorio. Permite comprobar las tecnologías que sirven, o no, en la finca.

Este principio nos aparta definitivamente de las recetas generales y de paquetes tecnológicos diseñados para todos y para todas partes. Proporciona seguridad y confianza en la tecnología. Hay que gatear antes de caminar.

5. Desarrollar un efecto multiplicador

La multiplicación entre y por los propios campesinos, sobre los resultados y experiencias obtenidas, es la única forma por la que se puede lograr la extensión y masificación de este sistema de producción, a fin de tener un impacto real en el medio ambiente y sus resultados favorezcan a la economía.

En la medida en que los campesinos se convierten en multiplicadores adquieren más destrezas en la producción y la comunicación. La enseñanza permite conocer un tema a profundidad; gran parte de esta enseñanza reside en el ejemplo vivo, comunicado de campesino a campesino. Cuando el campesino ve, hace fe.


ESTE ARTÍCULO ES UNA VERSIÓN DE UN CAPÍTULO DEL LIBRO: REVOLUCIÓN AGROECOLÓGICA: EL MOVIMIENTO DE CAMPESINO A CAMPESINO DE LA ANAP EN CUBA; EDITADO Y ENLAZADO POR CHAMPA.COOP