El primer pueblo libre de América

Más de cien años de lucha y negociación le tomó a los cimarrones del hoy Palenque de San Basilio ser reconocidos como comunidad autonónoma. Pero cuando abolieron la esclavitud en Colombia ya ellxs tenían, a su vez, más de cien años trabajando para sí mismos.

Palenque de San Basilio, Colombia, 1605-1723

Benkos Bioho, el gran cimarrón, el guía que conduce a la libertad, el héroe fundador, para los palenqueros, el rey del arcabuco para la leyenda, Domingo Bioho para las autoridades coloniales, llegó esclavizado a Cartagena de Indias en el último año del siglo XVI. Organizó palenques, configuró las formas de resistencia militar y fundamentó las bases y los mecanismos de la negociación política con la administración colonial. Es usual encontrarlo en los relatos de los abuelos, en los cuentos de los niños, en las canciones y sobre todo, en la historia épica y cotidiana contada por los palenqueros.1

Durante cinco años Benkos y su pueblo hacen la guerra a la Corona; sus intereses e intenciones se fundamentan en la libertad como la razón de ser, en la autonomía de gobierno y en la demarcación del territorio. Fue el inicio de una serie de pactos, propuestas de poblamiento e intentos para lograr dar fin a esa guerra. La paz, concertada con Benkos, duró 16 años, de 1605, fecha del primer pacto, hasta unos meses posteriores al ahorcamiento de Benkos. Este tiempo de conciliación sirvió para que los cimarrones lograran reagruparse, asentarse con sus familias y medios económicos para subsistir, y prepararse para la guerra a muerte que se desataría con fuerza brutal.

Domingo Criollo y la propuesta de paz de 1691

Setenta años después de los primeros pactos iniciados por Benkos, se plantearon de nuevo negociaciones directamente con el Rey. Se aprovecha la mediación del cura doctrinero de Turbaco, Don Balthasar de la Fuente,2 que viaja a la corte, para llevar una propuesta de paz.

Se buscaba pertenecer dignamente a la sociedad colonial sin ser discriminados, ni explotados. La consecución de un territorio, la búsqueda de la libertad y la obtención de recursos para desarrollarse, fueron en sí mismos los lineamientos esenciales del discurso político que aún hoy continúa signando la historia palenquera.

Domingo Criollo, jefe de los cimarrones del palenque de San Miguel, uno de los cuatro que había en los Montes de María3 ─los otros eran el de Matudere, Arenal y Betancur─, había nacido palenquero y vivió hasta avanzada edad ejerciendo como guía heredero de la estirpe de Benkos. Los encargados de arrasar el palenque de san Miguel, lo encontraron intentando esconder a las mujeres embarazadas, a los niños y a los ancianos. Fue asesinado a mansalva por un soldado; le pegaron dos tiros de arcabuz, según relata el Gobernador en su informe; aunque se intentó esconder el hecho del asesinato, no dejaron de resaltar lo indefenso que se encontraba. La recompensa en dinero y honores por la cabeza de los líderes palenqueros era considerable y Domingo Criollo simbolizaba la rebelión en esos finales del siglo XVII.

Contradiciendo una cédula anterior de 16884 donde se había declarado por enésima vez la guerra a los cimarrones, la Corona acepta la propuesta, y la envía en la real Cédula del 23 de agosto de 1691, fechada en Madrid, donde se estipulan los términos de la paz, argumentando que “siendo innegable que sin el presupuesto infalible de su libertad general y absoluta, no vendrán a reducirse”, aceptando la totalidad de lo pedido por los cimarrones:

• Reconocimiento de la libertad, sin ser castigados por su fuga, ni ejercer ningún tipo de represalias.

• Demarcación del territorio con el derecho de uso productivo.

• Trato jurídico y fiscal igual a la población libre.

• Autonomía de gobierno.

• En el caso de levantamiento, serían tratados como vasallos alzados.

• Por su parte, se comprometían a no guerrear, y a no recibir cimarrones en el Palenque.

La real cédula desató la guerra y como era de esperarse, las autoridades y los esclavistas no aceptaron la decisión del Rey, y se hizo de la misma manera como se hacía con las órdenes reales de difícil cumplimiento: “se obedecen pero no se cumplen”. Debido a la gravedad de la situación, se acuerda en reunión del 31 de mayo de 1693, que se reconozca la libertad solamente a los cimarrones que por haber nacido en los arcabucos de los Montes de María no tenían dueño, es decir a los criollos sin amo porque era imposible pagarles a los dueños el valor de la libertad de sus esclavos “huidos y alzados”. Así se cumplía con la cédula y no se daba pie a la oposición de los amos y los hacendados.

No contaban con la reacción de los palenqueros, puesto que aceptar una medida así significaba desintegrar los palenques, desmembrar las familias, romper los lazos de solidaridad como fundamento ético y renunciar a un derecho ya ganado. Desde cualquier punto de vista la decisión que se tomara sería de por sí explosiva. La aplicación de una cédula real servía de marco para activar con la guerra uno de los grandes conflictos coloniales: libertad versus poder.

El entente cordiale en 1713

Con la zozobra natural de una situación exterior de guerra, los cimarrones de los Montes de María se reagruparon hacia adentro del territorio del Palenque para intentar reconstruir un pueblo, según el modelo de los anteriores destruidos. Se mantuvieron invisibles durante el tiempo suficiente para organizarse y lograr negociar de nuevo el reconocimiento de la libertad, el territorio y la autonomía de gobierno.

El reconocimiento de la libertad llegó por fin en 1713 cuando se celebra por mediación del obispo de Cartagena Antonio María Casiani, un entente cordiale entre el gobernador Francisco Baloco Leigrave y los palenqueros de un palenque situado en las faldas de los Montes de María, acompañado de un perdón general y goce de libertades. Los términos de este reconocimiento son los mismos que los estipulados en las anteriores negociaciones propuestas por los cimarrones a la Corona: Libertad reconocida, Territorio demarcado y Autonomía de gobierno, tres necesidades básicas para delinear un sentimiento de identidad y pertenencia.

El documento original de la firma del pacto de paz o entente cordiale, como le llama Arrázola y como se denomina corrientemente en la historia oral, no se ha encontrado como documento escrito. Se supone que fue un acuerdo de palabra, debido a que el obispo no podía negociar a nombre de la Corona, sino actuar como mediador con una merced real para su intervención, como efectivamente sucedió. De todas maneras, por una carta de abril de 1716, que le dirige al Rey el Gobernador de Cartagena Jerónimo de Badillo, se puede deducir que Fray Antonio María Casiani, desde que llegó a Cartagena a tomar posesión en 1713 de la diócesis a él asignada, dio claras muestras de su posición a favor de la libertad de los palenqueros y de la defensa de los cimarrones.

Dice Arrázola, ya conocemos en términos generales el texto de este verdadero pacto entre naciones o, por lo menos entre la Provincia de Cartagena de Indias, colonia de España, y el pueblecito de San Basilio de Palenque, perdido en las afractuosidades de la sierra de María de aquel territorio; entre una muchedumbre de blancos y un puñado de negros que por fin se habían hecho reconocer como seres humanos.

Para los palenqueros de los Montes de María los siglos XVI y XVII fueron los años de la construcción del espacio de la libertad en el tiempo de la guerra. Para los palenqueros de San Basilio el siglo XVIII fue el del asentamiento en el tiempo de la paz hacia adentro.

Nacimiento del Palenque de San Basilio5

Con el asentamiento logrado después de la persecución cruenta que había desatado la Corona contra los rebeldes de los Montes de María, estos se reúnen en un lugar protegido e inexpugnable, cerca del Canal del Dique, para refundar un pueblo con el modelo dejado por Benkos y mejorado en los cien años de guerra cimarrona.

Corrían los años de 1700 cuando las condiciones para fundar el pueblo estaban dadas: se contaba con la autonomía de un territorio, se tenían los frutos obtenidos de la tierra y del agua y se habían construido las casas y los lugares que les permitirían crear y recrear su legado cultural y espiritual. En la memoria colectiva de este acontecimiento fundacional aparecen como imprescindibles el legendario héroe Benkos, la mítica María Lucrecia, encargada de recordar la importancia del lumbalú sobre la tierra palenquera, y la imagen trascendente de Catalina Luango, mediadora de la comunicación de los habitantes con sus familiares muertos, sus ancestros y sus antepasados.

San Basilio, procedente de la fuente católica, es otra de las figuras que orbita alrededor de este evento. Según algunos relatos se dice que un día la estatua del venerable era llevada de San Agustín de playa Blanca con destino a un pueblo del interior, y al pasar por los dominios del palenque, de repente quedó anclada precisamente en un lodazal cercano al pueblo, sin posibilidad de movilizarla. Este hecho fue inmediatamente interpretado como un buen augurio enviado del más allá; sin demora, San Basilio fue incorporado al imaginario espiritual de este pueblo, y de ahí su nombre.

Para los palenqueros de los Montes de María los siglos XVI y XVII fueron los años de la construcción del espacio de la libertad en el tiempo de la guerra. Para los palenqueros de San Basilio el siglo XVIII fue el del asentamiento en el tiempo de la paz hacia adentro, porque en el resto de la geografía colombiana se había agudizado la lucha contra los cimarrones. Los ejemplos de los palenques establecidos y por eso reconocidos en las provincias del Caribe colonial, eran un argumento de peso para negociar propuestas autónomas de poblamiento, partiendo del presupuesto de la libertad. Palenque de San Basilio nació como resultado de este proceso.

Por su permanencia sobrecogedora en el territorio, su persistencia y tenacidad, el Palenque de San Basilio se constituye en una sociedad que adquiere sus derechos para demostrar cómo son las personas libres. Como consecuencia de esa libertad se da el reconocimiento de autonomía de gobierno y por lo tanto de una comunidad con criterios y maneras políticas, religiosas, pedagógicas y de comunicación propias.


Esta crónica fue editada y enlazada por Chamba Coop a partir de un fragmento del Dossier de Candidatura a Patrimonio Cultural de la humanidad, supervisado por el Ministerio de Cultura y el Instituto Colombiano de Antropología e Historia en 2002.
Notas:

1Arrázola, Roberto: Palenque, primer pueblo libre de América. Historia de las sublevaciones de los esclavos en Cartagena, Cartagena, Ediciones Hernández, 1970, págs. 35 y siguientes. - Carta al Rey del Gobernador de Cartagena de Indias, Don García Girón, fechada el 28 de marzo de 1621, donde da cuenta de la muerte por ahorcamiento de Benkos, transcrita por Valtierra P. S. J. , Ángel: Pedro Claver. El santo redentor de los negros. Nueva versión reestructurada, Bogotá, Banco de la República 2 t., Tomo I, págs 459-460. - Friedemann, Nina y Patiño, Carlos: Lengua y sociedad en el Palenque de San Basilio, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1982, págs. 31 y siguientes.

2 Balthasar de la Fuente, Tesorero de la Catedral, cuando era cura doctrinero de Turbaco, en el recorrido habitual del ejercicio de su ministerio, llegó hasta los palenques de los Montes de María y allí fue contactado por Criollo y sus capitanes para proponerle una tregua, primero para negociar un pacto de paz, según lo explica en su famoso memorial. Los documentos acerca de la veracidad de los contactos del cura y los cimarrones son imprecisos. Los más enconados enemigos de la paz niegan de plano esa mediación y ponen en boca de los cimarro-nes la desmentida. Los favorecedores de la negociación no lo niegan, pero tampoco lo reconocen. La trayectoria de esa guerra nos permite entender cómo los cimarrones estaban asesorados por otro cura doctrinero Miguel del Toro y por boca de él no se negó la mediación.

3En toda la documentación colonial se habla de la Sierra de María en Palenque, y en Colombia se conocen como los Montes de María.

4Es corriente encontrar en toda la información acerca de las guerras cimarronas, documentos, cédulas reales, cartas e informes quese contradicen y se justifican, de manera que ese ir y venir de documentos de las colonias a la metrópoli, traía desconcierto y confusión en las decisiones. Situación muchas veces aprovechada por los cimarrones.

5El nombrarse ha sido motivo de controversia en Palenque. El Maestro Casiani por ejemplo, en conversaciones dice que San Basilio es de Palenque y no Palenque es de San Basilio, de manera que la nominación no importa por la advocación que le da intencionalidad.