Si el agua no llega, la traen

En el estado Miranda, Venezuela, un consejo comunal trajo de vuelta el agua a la tierra

Podía dudarse si quedaba algo de tierra aprovechable, después de la siembra extensiva e insostenible de caña de azúcar en La Magdalena, Charallave. Tras el desplazamiento del patronazgo canario, a principios del siglo XX, solo quedaron ripias de parcelas. Los campesinos que no se fueron, tuvieron que diversificar las siembras. Ya para entonces carecían de agua: tanto ellos, como las tierras. Para aquel entonces se hizo el bombeo del pozo El Bucare. Pero pasados más de cincuenta años, el agua volvió a escasear. Había llegado el momento de organizarse.

Así nació el Consejo Comunal La Magdalena. La primera tarea: construir casas donde solo había ranchos de zinc y tablas; necesidad cumplida gracias al beneficio que recibieron del Plan Ranchos por Casas. Volvió a aparecer sobre las mesas de trabajo la escasez de agua. Comenzaron a fraguar el ambicioso proyecto: perforarían otro pozo y construirían un sistema de riego. Sin embargo, la cosa no podía detenerse allí: era necesario transformar la tierra. Y lo harían mediante abonos orgánicos y producción de plántulas.

Con el sistema de riego permanente y la paulatina recuperación del suelo, el Consejo Comunal La Magdalena planea consolidarse como un destino agroturístico solidario. Lo más importante: prevén seguir sembrando, con los elementos que haya, y también con los que falten.

Échale un ojo a la galería que el Sistema de Integración Comunal ha preparado sobre estos campesinos, que hacen del correr del agua, un puente hacia la economía solidaria: