Hilar una cooperativa

En Mérida, Venezuela, la Cooperativa de Mujeres Tejedoras de Gavidia rescataron el tejido artesanal en lana cruda con cooperativismo y economía solidaria.

¿Hasta cuándo el trabajo sería sinónimo de obligación, agotamiento y patrones? La pregunta que quizá se hicieron las tejedoras artesanales de Gavidia, Mérida, cuando comenzaron a sospechar que otro modelo de trabajo podía ser posible. No necesitaban antecedentes: contaban con la técnica del tejido en lana cruda y el empuje para dejar de llenarle los bolsillos a quienes ni siquiera sabían esquilas las ovejas. Así fue como, pronto, la sospecha se hizo certidumbre y formaron la Cooperativa de Mujeres Tejedoras de Gavidia, en el 2002.

Lo primero fue oponerse a la sempiterna y esquelética lógica del mercado: ellas invertirían tiempo para el beneficio común, no para mantener a una organización piramidal e impersonal. 18 pares de ovarios fueron suficientes para darle pie a la cooperativa. El proceso de producción fue definido: esquilar las ovejas, lavar la lana, unificarla, pintarla, secarla y enviarla al telar, donde el esfuerzo de todas se convertía en productos comunes: cobijas, chamarras, tapetes, medias, gorros, bufandas, guantes, zapatillas, bolsos y otros tejidos. Sin darse cuenta, habían logrado un objetivo doble: rescatar el tejido en lana cruda con telar tradicional y empoderarse fuera de las empresas de papel firmado.

Después de construir sus propios talleres, la primera década de la cooperativa vino con viajes a ferias extranjeras. Y más que eso, con el amplio legado que dejan a las más pequeñas. La pregunta que pudo ser fundacional, es ahora una sólida respuesta a quienes desconfían de la economía solidaria: otro modelo económico, en el que el trabajo sea armónico y vital, es posible.

Chamba se fue a los Andes a registrar en formato 360º lo que estas tejedoras tienen que decir tras 16 años de trabajo cooperativo. Sumérgete con nosotrxs en esta experiencia de vida donde se teje el tiempo propio.