Empoderar a una comunidad con una fábrica ligada a la economía solidaria

En Caracas, Venezuela, la cooperativa Aliantec creó junto a una comunidad la fábrica de jabones Mastranto.

La primera pregunta fue cómo podían aportar al desarrollo de las fuerzas productivas del país. En ese entonces eran aún estudiantes de ingeniería y ciencias puras en la Universidad de Carabobo, en Venezuela. La respuesta vino con la solución y el nombre: Aliantec, una cooperativa que sería a la vez encubadora de proyectos socioproductivos y desarrolladores de tecnologías libres. No pasó mucho tiempo para que esa misión se materializara: en pleno 2017 propusieron construir una fábrica de jabones que controlara toda la cadena de producción y distribución. Fue la primera idea que se propusieron desarrollar, y lo que llamaban crisis no iba a detenerlos.

Producir jabones podría parecer inútil en medio de la coyuntura económica de Venezuela. Para ellos no fue así. Desde el 2012 no había estadísticas que contabilizaran la producción de jabón en el país. Su costo subía todos los días por la supuesta importación de la viruta. Y ninguna marca de las que hasta entonces existían proponían un producto con pH balanceado y componentes no-tóxicos. De modo que sí era una decisión política crear una fábrica de jabones. Y más aún cuando se piensa que desde el principio la iniciativa fue hacerlo de manera industrial y con máquinas creadas por ellos mismos. No hubo que decidir mucho: se le dio luz verde a la creación de Mastranto con el empujón del Consejo Federal de Gobierno.

Sin embargo, no serían ellos quienes llevarían la batuta en el proyecto. La misión seguía siendo promover la socio-productividad. ¿Qué mejor manera de hacerlo que empoderando a una comunidad? La elegida fue Antímano, justo donde antes la Cargill producía la pasta Ronco. Educaron a los vecinos a través de los consejos comunales. Les enseñaron a hacer estructuras de costos para vender su producción a precio justo. Tuvieron que construir la mayoría de las máquinas, sin contar los softwares para mecanizar la producción. Contactaron a quien les podía proporcionar virutas nacionales. Y entonces encendieron las máquinas y el resto fue historia.

En menos de un año Mastranto ha adquirido tanta autonomía que es poco lo que Aliantec interviene en ella. Produce, al mes, 200.000 unidades de jabón. Claro que no ha sido tan sencillo: aún hay tareas pendientes como dominar la cadena de distribución y materia prima. El horizonte, ahora, es producir aceite de palma y así coronar el proceso completo. Mientras, parar las máquinas no es una opción.