El adiós al cacao de monocultivo

En Sucre, Venezuela, los campesinos de la Comuna Agraria Chávez, Bolívar y Zamora pusieron a producir 180.000 plántulas criollas para diversificar su producción.

Quizá fue la huida de los terratenientes cacaoteros el verdadero motivo que echó a andar la organización de los campesinos de Yaguaraparo, Sucre. Y es que, al desaparecer los promotores del monocultivo, todos quedaron en el aire. Más pronto que tarde, llegó el momento de decidirse entre seguir apostándole a la tierra, o perderse en el ambiente convulso de las ciudades. No tardó la resolución: se quedarían en las tierras. De aquí nace la Comuna Agraria Chávez, Bolívar y Zamora.

Poder unir fuerzas no fue rápido ni sencillo. El campesino estaba arruinado. No había jóvenes motivados en seguir trabajando la tierra. Idos los terratenientes, nadie compraba lo que más sabían cultivar: el cacao. Y los otros pocos rubros que podían sembrar, se perdían entre los intermediarios que viajaban a la capital a venderlos. Nadie podía, siquiera, comer lo que cultivaba. Pero no hay crisis que por bien no venga: con seguridad, organización y empuje, construyeron la Empresa de Producción Social La Horqueta Productiva: el eje distribucional que comenzaría a confirmarles la importancia del trabajo comunal y autogestionado.

Pronto, vinieron los huertos. De ellos, lograron poner a producir 180.000 plántulas criollas, cada ciclo de siembra. Diversificaron la producción. Y tendiendo puentes, dejaron de venderle a Caracas para llevar sus hortalizas, frutas y vegetales al propio Yaguaraparo. Todo se vende a precio justo. Sin maquinarias, el trabajo campesino está dirigido a olvidar de una vez por todas, qué era eso de trabajarle a un patrón y meterse a participar en la construcción de la economía solidaria.

Desde Crónicas de Comuna Adentro, Aquarella Padilla nos da un recorrido por esta Comuna que se niega a abandonar las tierras productivas.