Una plataforma para la revolución

Por Trebor Scholz

En lugar de librar la economía exclusivamente a los imperativos de productividad de potentados como Amazon o Microsoft, las cooperativas de plataforma podrían servir de ejemplo del trabajo digital digno.

Seguramente habrás leído o escuchado al menos una noticia sobre las prácticas laborales poco éticas de Amazon Mechanical Turk, TaskRabbit o CrowdFlower, por nombrar solo algunas plataformas de búsqueda de mano de obra autónoma para conseguir trabajo, los trabajadores tienen que pasar por el cuello de botella de las plataformas, donde miles de empleados novatos e invisibles ganan entre 2 y 3 dólares la hora, donde la vigilancia en el trabajo es enorme y el robo de salarios es una función normal, no un error. Estas tendencias me parecen preocupantes, pero también sé que no constituyen el único futuro posible del trabajo. Silicon Valley adora las buenas «disrupciones», démosle una entonces: cooperativismo de plataforma.

El futuro del trabajo necesita definirse a partir de algo más que por cabecillas de Silicon Valley financiados por capital de riesgo: necesita el aporte de cooperativas obreras y sindicatos creativos.

El cooperativismo de plataforma consiste en la experimentación con el trabajo digital digno y con nuevas formas de solidaridad. Se trata de sindicatos, asociaciones de trabajadores y cooperativas innovadoras que construyen sus propias plataformas laborales e intervenciones sobre el diseño, arraigadas no en la avaricia sino en las necesidades de los trabajadores. Se trata de la lección obrera fundamental: en la confrontación con los patrones, las soluciones individuales no funcionan. El futuro del trabajo necesita definirse a partir de algo más que por cabecillas de Silicon Valley financiados por capital de riesgo: necesita el aporte de cooperativas obreras y sindicatos creativos.

En lugar de librar la economía exclusivamente a los imperativos de productividad de potentados como Amazon o Microsoft, las cooperativas de plataforma podrían servir de ejemplo del trabajo digital digno. No obstante, tienen que actuar rápido. Los movimientos sociales, los legisladores y las cooperativas se mueven lentamente, mientras que los emprendedores tecnológicos están creando realidades a toda velocidad. Al futuro hay que sembrarlo ahora; el efecto red está consiguiendo cincelar en piedra posibles monopolios globales como Uber y por este motivo los trabajadores, organizadores, diseñadores y programadores tienen que actuar juntos.

Los trabajadores deben tener sus principios y valores muy claros. Los estándares del cooperativismo de plataforma deben incluir seguridad laboral, salario digno, transparencia, un ambiente de trabajo agradable (con reconocimiento y valoración), decisiones de trabajo compartidas, un marco legal de protección, jornadas semanales de 30 a 40 horas (según la edad del trabajador) y protección contra mandatos arbitrarios. El cooperativismo de plataforma rechaza la vigilancia excesiva en el lugar de trabajo, como muestran los diarios de trabajadores de Upwork o las revisiones de usuarios en Uber y TaskRabbit.

Además, los trabajadores tienen que tener derecho a desconectarse. Las cooperativas de plataforma deben dejar tiempo para el relax, el aprendizaje permanente y el trabajo político voluntario. El buen trabajo digital tiene límites claros. Aunque resulte difícil alcanzar tan nobles objetivos, es importante definirlos. Nuestra incapacidad de imaginar una vida diferente sería el triunfo último del capitalismo.

Demandar salarios más altos es una cosa; pero el cambio estructural, la creación de modelos alternativos de organización social, es algo más fundamental. Las fábricas recuperadas por trabajadores desde Argentina hasta Ecuador no son el modelo rector aquí. El objetivo no es abrir una sucursal de UberX con el benevolente permiso de Travis Kalanick. Al contrario, arranquémosle el corazón algorítmico a la «economía colaborativa», clonémoslo y revivámoslo con un modelo de propiedad cooperativa o una fuerza de trabajo sindicalizada.

Para que el trabajo digital digno sea una realidad, es imprescindible que las personas con ideas afines se organicen, formen núcleos de autoorganización y luchen por los derechos democráticos básicos de los trabajadores en la nube.

Es posible tener plataformas que les permiten a los trabajadores intercambiar su mano de obra sin la manipulación de un intermediario corporativo. Las empresas controladas democráticamente, como las cooperativas propiedad de los trabajadores, pueden apuntar a nichos de mercado locales, más pequeños, sin tener que concentrarse en la expansión. Una cooperativa de autónomos como Loconomics en San Francisco incluso podría beneficiarse de los esquemas regulatorios que establecieron las «economías colaborativas de intercambio».

Asegurémonos también de que la responsabilidad de que el trabajo se adapte a la vida familiar no recaiga solo en el trabajador. Uber, TaskRabbit y Handy están generando condiciones que no son compatibles con la familia (o con la mayoría de las avenencias de la vida doméstica) como unidad nuclear de la sociedad.

En lo que respecta a la experiencia del usuario, las plataformas alternativas de código abierto tendrían que competir con la seductora máquina de creación de hábitos que es Uber. Ya no basta con pingüinos tiernos. Cada Uber (encima) tiene su Unter (debajo), y la interfaz de las aplicaciones de cooperativas de plataforma podrían instruir a los usuarios sobre parámetros de trabajo justo y la fallida protección social de la «economía colaborativa». Estas plataformas podrían darles un rostro a los trabajadores de la nube que, en todos los sentidos prácticos, son anónimos y están aislados y bien guardados entre algoritmos.

Desde el punto de vista tecnológico, crear aplicaciones para cooperativas no es moco de pavo. En el sector de transporte, por ejemplo, hablamos de al menos cuatro aplicaciones. Hay una para el pasajero y otra para el conductor, tanto en Android como en iPhone; y ambas tendrían que actualizarse constantemente para permanecer utilizables a medida que los sistemas operativos y los teléfonos cambien. Scott Rosenberg nos enseñó que muchos grandes proyectos de software fracasaron o excedieron considerablemente su presupuesto. Los programadores de código abierto podrían publicar los protocolos centrales y las API y luego permitir que algunos proyectos independientes de código abierto construyan sus propios componentes de interfaz y servidores diferentes.

Y es que ya existen ejemplos de cooperativismo de plataforma. The Freelancers Union (sindicato de autónomos), por ejemplo, podría convertirse en el centro neurálgico de semejante corredor virtual de contrataciones. También existen formas emergentes de solidaridad obrera en foros como /r/mturk/ e intervenciones sobre el diseño como en Turkopticon. En Israel, La’Zooz es una red distribuida entre pares de alquiler de transporte, y Fairmondo es la versión cooperativa alemana de eBay. Los proyectos en este sector incluyen también a Blue Ridge Labs, una incubadora de aplicaciones para el 20% que menos dinero gana, y FairCareLabs, que innova para el Domestic Worker Movement (Movimiento de Trabajadores Domésticos). El servicio de automóviles Transunion Car Service en Nueva Jersey y la California App-Based Drivers Association (Asociación californiana de conductores usuarios de aplicaciones) están conectando a los trabajadores de plataformas con los sindicatos.

No sorprenderá si afirmo que el cooperativismo de plataforma enfrenta enormes desafíos: de la autoorganización y la gestión de trabajadores a la tecnología, el diseño basado en la experiencia del usuario, la educación, la financiación a largo plazo, la escalabilidad, la escala salarial, la competencia con gigantes corporativos multinacionales y la concienciación ciudadana. Para que el trabajo digital digno sea una realidad, es imprescindible que las personas con ideas afines se organicen, formen núcleos de autoorganización y luchen por los derechos democráticos básicos de los trabajadores en la nube. Pero el futuro del trabajo no se define únicamente con presentaciones de diapositivas en las salas de reuniones de Silicon Valley; se trata de crear una sociedad democrática que no tolere la explotación y fomente la cooperación.


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