Monedas: Instrumentos de intercambio para el cambio

Por Blanca Crespo Arnold y Fernando Sabín Galán

Sirva este artículo para avanzar humildemente en la definición y puesta en valor de estas iniciativas económicas innovadoras que, gracias a la participación de cientos de empresas y consumidorxs, están logrando articular redes de intercambio de bienes y servicios a partir de la experimentación de herramientas complejas del ámbito monetario, de certificación, de comunicación o de organización.

En los últimos años ha habido un auge a nivel mundial de monedas no oficiales, «instrumento(s) que reemplaza(n) a la moneda oficial en grupos humanos que actúan como productores y consumidores en circuito cerrado, eliminando así el obstáculo de la escasez de dinero. A diferencia de la oficial, la moneda social no tiene interés, ni ofrece ventajas al ser acumulada, por lo cual le sirve a la producción y no a la especulación. Promueve la distribución de la riqueza y no su concentración, como ocurre en la economía dominante».1

En el estado español se cuentan por decenas las iniciativas2 de esta índole que han ido surgiendo e innovando diversas fórmulas monetarias desde 1997, año en que que arrancara el Zoquito en Jerez, Cádiz. Dentro de este amplio fenómeno encontramos diferentes categorías y denominaciones: alternativas, sociales, locales o complementarias, entre otras. La profundización en estas categorías excede el propósito del presente estudio, por lo que nos centraremos exclusivamente en aquellos ejemplos relacionados con los mercados sociales, donde estas experiencias de apropiación económica y financiera por parte de la sociedad resultan claves para la consecución de un circuito integral de autosuficiencia económica. Dentro de esta categoría podemos encontrar los siguientes tres grupos:

a) Monedas creadas por los mercados:

Quizá las dos experiencias más consolidadas sean el boniato de Madrid y el EcoSol de Catalunya, en funcionamiento desde 2012, respectivamente. Con formato electrónico para el día a día y en papel durante las ferias, ambas han sido creadas para fortalecer el mercado social, con el fin de evitar fugas de capital fuera del propio circuito.

Una de las particularidades de la moneda madrileña es que con cada compra se aplica una bonificación a los consumidores, un porcentaje de boniatos que adquiere la persona que consume. Esta bonificación, que funciona a modo de descuento, y la posibilidad de pago también en euros permiten una incorporación progresiva dentro del mercado social de empresas provenientes del mercado convencional.3 El volumen de actividad registrada hasta el momento ha sido de algo más de 75.000€/boniatos, la mayoría de esta cifra en euros, no en vano todas estas transacciones han sido fuente de creación de boniatos.

El EcoSol es la moneda que pone en funcionamiento la XES con el apoyo de la Fundación Stro y la Federación de Cooperativas de Catalunya con tres objetivos fundamentales:4 ser un sistema de crédito mutuo entre prosumidores de ESS, servir de medio de pago de carácter permanente para la compra de bienes y servicios de ESS por parte de consumidores responsables y servir como medio de pago de carácter puntual para la compra de bienes y servicios dentro de las ferias de economía solidaria. Tras una fase de implementación del sistema de crédito mutuo entre entidades prosumidoras, se abre como novedad la participación al mercado a consumidores individuales, que podrán intercambiar euros por ecosoles y realizar compras online y mediante una aplicación para móviles y tablets.

A caballo, entre este apartado y el siguiente, encontramos el Txanpon, que nace como moneda específica de uso en las ferias del mercado social de los barrios de Txantrea y Casco viejo de Pamplona, impulsado por REAS y colectivos sociales de sendos barrios: Txbizi y Auzoko. Pretende, no obstante, extenderse y convertirse en una herramienta cotidiana de uso en el mercado social, activándose en el conjunto de entidades del Mercado Social para llegar a implicar a comercios de las zonas donde hay movimiento social de barrio o pueblo, para que se comprometan progresivamente con la utilización de los servicios y productos del mercado social. Con una circulación de 36.000 txampones desde su lanzamiento a finales de 2013, aspira a recuperar valores como la calidad, la defensa de pequeños productores en materia de soberanía alimentaria o el respeto al medio ambiente en la producción de los alimentos.

b) Monedas que confluyen con los mercados:

Al calor de la efervescencia de iniciativas de reapropiación social de la economía, se dan cruces entre proyectos convergentes que buscan, en la sinergia y en el apoyo mutuo, una forma de proyectarse más allá de sus experiencias y objetivos concretos, hacia la construcción de estructuras sólidas y complejas que posibiliten otras formas de vida más vivibles. Es en este marco donde proyectos de moneda como el Eusko y el Ekhi, impulsados por la Asociacón Euskal-moneta y Desaskundea (la red de decrecimiento de Bizkaia), inician confluencias con experiencias de mercado social como la de Euskadi.

El eusko de Iparralde se crea para «relocalizar la economía, como instrumento local, social, ecológico y euskalduna»5 y tras año y medio de funcionamiento cuenta con cerca de 3.500 personas asociadas y 600 comercios, así como ha generado una conversión de 350.000 euros a eusko y unas 300 nuevas relaciones comerciales.

El Ekhi por su parte, que opera en toda Bizkaia, se define como «una moneda ecológica, socialmente justa, feminista que promueve la lengua y culturas locales»6 y desde el pasado marzo en que saliera a la calle arroja datos como éstos: más de 221 personas usuarias, 47 entidades adheridas, y 8.000 ekhis movidos (actualmente 5.400 en circulación).

c) Monedas que crean protomercados:

También lanzada por la red de Decrecimiento de Sevilla, encontramos el caso del Puma, donde la propia práctica monetaria y el desarrollo comunitario generado han devenido en una experiencia de protomercado. Basada en el crédito mutuo, donde el único respaldo de los saldos es la confianza en la reciprocidad y capacidad de la comunidad para responder a sus necesidades,7 no se puede adquirir por el cambio de euros, sino que sólo se respalda por la prestación de un bien o servicio. La única ocasión en que se pueden cambiar euros por pumas es en la feria mensual del Mercapuma, cuya financiación en euros se redirige a la central de abastecimientos (donde poder adquirir bienes de primera necesidad de alimentación, higiene y limpieza en pumas), la rehabilitación de la casa palacio en la que se ubica y a la caja de cuidados (que se encarga de remunerar las aportaciones al común, así como de financiar proyectos sociales, gestionar una bolsa de trabajo e intermediar en la resolución de conflictos de la comunidad).

Ferias: visibilidad y empoderamiento colectivo

Las ferias de economía solidaria son espacios de comercialización donde adquirir productos y servicios, lo que las convierte en importantes instrumentos de visibilización para aquellas entidades que constituyen el mercado social. Esta visibilidad adquiere especial importancia en el circuito económico alternativo, que busca darse a conocer ante la sociedad y «demostrar que la cotidianidad del consumo de cualquier ciudadano puede hacerse dentro de la ES y esta acción marca la diferencia».8

Pero además, estos eventos ganan valor en el encuentro, donde se produce una toma de contacto físico con el mercado, donde poner caras y conocer con detenimiento cómo son esos proyectos con los que nos relacionamos o queremos relacionar económicamente. Algo levante cuando las empresas no buscan la maximización de los beneficios ni las personas consumidoras la minimización del precio de compra, sino que ambas persiguen otros valores dentro de la relación comercial, atendiendo al «cómo», «quién» y «dónde». Se encuentran así proyectos, personas y también ideas. Comercio justo, mercado social, economía social y solidaria en las administraciones locales, soberanía alimentaria, banca ética, trabajo y sostenibilidad, monedas sociales…, son algunos de los ejes de debates que se dan cita en estos espacios de confluencia e intercambio de saberes donde construir también estrategias y agendas comunes.

Aunque las ferias de cada territorio tienen particularidades y trayectorias propias comparten una misma lógica, de modo que cualquiera de éstas podría hacer suyos objetivos como los de la Fira d’Economia Solidària:9

  • Dar a conocer qué es la economía solidaria y las soluciones que aporta a las necesidades materiales de las personas en su vida cotidiana.
  • Divulgar las alternativas que aporta la economía solidaria a la crisis, tanto a corto plazo para cubrir necesidades urgentes, como medio y largo plazo para salir del capitalismo.
  • Dar visibilidad al tejido comercial y empresarial de la economía social y solidaria.
  • Incrementar la conciencia de «sector económico» entre las protagonistas de iniciativas de economía solidaria.
  • Fomentar la intercooperación entre los agentes de la Economía Solidaria.
  • Aumentar el número de personas y organizaciones comprometidas en las iniciativas de economía solidaria, como consumidoras, proveedoras ahorradoras o emprendedoras.
  • Consolidar como un referente periódico del mercado social.

Como se comentaba anteriormente, cada feria responde a las necesidades y particularidades de su mercado, adquiriendo sello propio bajo estas especificidades. Algunas se realizan de manera anual y tienen amplia proyección geográfica (con mayor envergadura en materia de gestión y volumen de asistentes, actividades…), mientras que otras se celebran mensualmente y se circunscriben a los barrios en que se ubican (el caso de Txantrea y casco viejo de Pamplona por ejemplo). Las hay que operan con moneda propia, mientras que otras aún no han emprendido ese camino… Partiendo de estas particularidades, ofrecemos algunas cifras para aportar una aproximación sobre algunos de sus resultados:

Más allá de lo cuantitativo, se busca también el empoderamiento en lo colectivo, el reconocerse y reafirmarse por parte de quienes forman parte, y sentir así la fuerza y potencia que se genera producto del encuentro masivo. En esta línea arrancaba el discurso inaugural de la feria de Navarra: «venimos a visibilizar, reivindicar y demostrar que otro mundo no sólo es posible y necesario, sino que ya se está construyendo, que ya hay alternativas, que hay millones de personas haciéndolo posible, reapropiándose del espacio público, del espacio económico, a contracorriente. Somos una realidad, sumamos más de 50.000 personas socias, 10.000 trabajadoras contratadas y más de 1.500 entidades organizadas alrededor de la economía solidaria».10

REFERENCIAS

1RED LASES, «Otra economía ya existe, otra economía es posible» en FSM 2006.

2Para más información de estas iniciativas se recomienda: vivirsinempleo.org

3HENÁNDEZ, T., «Mercado social: construir y experimentar proyectos económicos y alternativos» Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, 2012, nº 118, pp. 126-127.

4http://issuu.com/mercatecosol/docs/ecosol_web

5BUTRON, A., «Mercado Social y Moneda Social en Euskal Herria», en: VIII Jornadas Internacionales de Economía Solidaria, REAS Navarra, Pamplona, abril de 2014.

6SKUNZE, C., «Mercado Social y Moneda Social en Euskal Herria», en: VIII Jornadas Internacionales de Economía Solidaria, REAS Navarra, Pamplona, abril de 2014.

7RIVERO, M., «Monedas sociales, tejiendo comunidad» El topo, abril-noviembre 2014, nº 6, p. 6.

8RIVERO, M., «Monedas sociales, tejiendo comunidad» El topo, abril-noviembre 2014, nº 6, p. 6.

9http://www.firaesc.org/

10REY, C. Sesión de apertura de las VII jornadas internacionales de Economía Solidaria, II Feria de Economía Solidaria de REAS Navarra, Pamplona, 26 abril de 2014.


ESTE ES UN EXTRACTO DEL ARTÍCULO LOS MERCADOS SOCIALES. LA ECONOMÍA SOLIDARIA EN ACCIÓN TRANSFORMADORA, PUBLICADO EN EL PORTAL DE REAS, ENLAZADO Y EDITADO POR CHAMBA.COOP.