Los intercambios y el uso de monedas comunitarias

Por Elizabeth Chaparro-Yperedo

Ante la desigualdad en la distribución de las fichas del juego económico, han surgido, alrededor del mundo, monedas alternativas, también conocidas como comunitarias o sociales, creadas por comunidades de personas que encuentran en ellas principalmente un medio de intercambio efectivo y autónomo, por lo que su valor no depende de las fluctuaciones en los mercados financieros.

Una de las particularidades de los mercados solidarios en México es que son pequeños en espacio y en miembros, tanto el Corredor Cultural Expiatorio como Tláloc, los más grandes, cuentan con alrededor de 90 productores cada uno, mientras que Mixiuhca se compone de 30. El número de miembros influye en la diversidad de productos y servicios disponibles, lo que determina la posibilidad de los intercambios; a mayor diversidad de productos mayores posibilidades de intercambiarlos.

Los intercambios en el Corredor Cultural Expiatorio se pueden dar de distintas maneras, en primer lugar se dan los pagos convencionales con pesos, los más comunes tanto entre productores como con los consumidores. Ana, como el resto de los participantes, es consciente de la dinámica económica en la que se encuentran insertos los mercados solidarios, y reconoce la necesidad de seguir utilizando el dinero convencional, algo de lo que, por el momento, nadie se puede librar por completo, «no tengo porqué sentirme mal por usar esa moneda porque es como me puedo yo desplazar, como pago la luz y la renta, es algo que tengo que utilizar» (A.A. comunicación personal, 16 de febrero, 2014).

Una de las principales ideas entre los productores del Corredor es en torno a la incapacidad de desapegarse del mercado convencional y, principalmente, del uso del dinero oficial, más aún cuando se es productor y se depende de proveedores que sólo aceptan pagos en pesos, «ni modo que vaya al Abastos y page con Itacates, ¡imagínate! (risas), o en la gas (risas)» (J.J. comunicación personal, 16 de febrero, 2014). Esta situación crea confusión cuando, por otro lado, buena parte del discurso de la economía solidaria mantienen un tono condenatorio respecto al conjunto de instituciones económicas, y al mismo tiempo demuestra insuficiencias.

En el mundo hay algunos casos, en España cada vez más, en los que el tamaño del mercado permite generar una economía comunitaria realmente independiente de la economía convencional. El ejemplo más destacado es el de Bristol, Inglaterra, donde circula el Bristol Pound, moneda local1 utilizada por más de 3000 personas, entre ellas el alcalde George Ferguson, quien recibe el cien por ciento de su salario en ésta moneda. El Bristol Pound es aceptado en 773 establecimientos incluido el Ayuntamiento, academias, cafeterías, imprentas, tiendas de autoservicios, entre otros2.

Otra manera de entender estas monedas, además del complemento económico que representan, es como mecanismos para desarrollar la conciencia económica y las relaciones personales que las suscitan

Mientras no exista un gran mercado solidario se seguirá dependiendo del mercado convencional para la producción, de manera que aquellos mercados solidarios que se encuentren en una situación inicial y limitada, como el Corredor, tendrían que preocuparse, más que por si se usa el dinero convencional o no, en definir bien su postura y estrategia de convivencia con la economía convencional, incluidas las instituciones y terminales bancarias.

Otra forma de intercambio también común, pero en menor medida, es el trueque, el cual es común entre productores, y en el caso de aquellos abiertos al público, se programan ocasionalmente. Entre los objetos que más se truecan destacan los libros, artículos de cocina, despensa, etc., mientras que el intercambio de servicios ha sido escaso y sólo en un par de ocasiones se intercambiaron productos artesanales y alimentos por servicios dentales.

Estos tipos de intercambios fueron estudiados por Malinowsky y Mauss en la década de los veinte, como parte de las prácticas económicas en comunidades indígenas de distintas partes del mundo. Ellos destacaron el origen ritual y festivo del intercambio como parte de una cultura en la que prevalecen las relaciones de reciprocidad y confianza, expresadas en dones (Mauss, 2009).

En contextos solidarios, la confianza y la reciprocidad son también fundamentales en las relaciones de producción o intercambio, incluido el uso de monedas comunitarias. Entre los productores del Corredor, éstas se manifiestan, entre otras formas, en los trueques de bienes o servicios que no son necesariamente inmediatos, y que pueden posponer el intercambio de manera indefinida, por acuerdo de los participantes. Como una especie de crédito en el que el interés es igual a 0%, y en el que, a decir de los productores, el mismo establecimiento del compromiso es un beneficio porque contribuye a la constitución de relaciones de confianza y reciprocidad.

Hay un aspecto que salta a la vista de los trueques en la actualidad, una situación que no es exclusiva del Corredor, y es el hecho de que en la mayoría de ellos se hace alusión al valor de las mercancías en pesos, como critica Rosi, «Ay! si truequeamos, pero ¿cuánto vale esto? Entonces te voy a dar algo que cueste lo mismo» (R.Ra. comunicación personal, 16 de febrero, 2014). Esto supone un reto importante, para quienes hacen trueque, de descolocarse del valor monetario de las cosas y valorarlas en función de otros factores como el goce que proporcionan o a partir de su contribución al bienestar personal.

Otra alternativa de intercambio en los mercados solidarios son las denominadas monedas comunitarias como el Itacate, que es una de las 17 que existen en México y la primera en Guadalajara. Algunas monedas como el Fausto, el Mezquite o el Maguey se conocen como monedas feriales, porque sólo son usadas en ferias, mientras que el Tláloc, el Tumín, el Mixiuhca o el Itacate se denominan monedas comunitarias porque circulan al interior de una comunidad determinada, así como el Euro, que circula en la Comunidad Europea, aunque su naturaleza es distinta.

En México estas monedas son «monedas complementarias», pues se usan para pagar sólo un porcentaje del costo, en pesos, de las mercancías, aunque hay quienes aceptan mayor porcentaje, e inclusive el pago total. Sin embargo esto es más común en casos de mayor trayectoria y desarrollo, en los que los participantes usan las monedas comunitarias en una mayor medida para satisfacer mayor número de necesidades.

Valentín, quien es economista, de 33 años, y miembro de la Red Tláloc y la Red Mixiuhca, él afirma que el 50 por ciento del costo de sus compras y ventas en el mercado solidario es cubierto con las monedas comunitarias. En el caso de los productores del Corredor, ellos usaron el Itacate en una menor medida, sin embargo se trata de dos experiencias distintas que generan grandes aportaciones y aprendizajes respecto al uso de estas monedas.

Otra forma de intercambio también común, pero en menor medida, es el trueque, el cual es común entre productores, y en el caso de aquellos abiertos al público, se programan ocasionalmente

En México existen actualmente 17 monedas comunitarias y feriales según los datos del último Encuentro de Monedas Comunitarias en Chiapas, en febrero de 2014, (Véase Tabla 1)3 entre las que se encuentran algunas consolidadas como el Tláloc y el Mezquite y otras más en proceso de desarrollo como el Kuni en Querétaro, y el propio Itacate. Todas ellas son expedidas por distintas asociaciones de productores solidarios, y para Santana (2008) representan el sistema monetario alternativo del país.

A este tipo de monedas se les ha nombrado de diversas formas en el mundo, pero en todo caso se hace referencia a su naturaleza alternativa y comunitaria. En el Corredor Cultural Expiatorio el Itacate fue implementado como un complemento al peso, al que algunos vieron más como una especie de «descuento» mutuo, mientras que para otros este ha representado un acto más de tipo político.

Otra manera de entender estas monedas, además del complemento económico que representan, es como mecanismos para desarrollar la conciencia económica y las relaciones personales que las suscitan, dentro de las cuales se encuentran las relaciones de intercambio, afectivas o de comunidad, como el cuidado de los otros, la procuración de su bienestar, del bienestar de su cuerpo y de su entorno.

La circulación de monedas como el Itacate, genera preguntas en diferentes sentidos, que nos llevan a pensar acerca de los límites de su circulación y liquidez, pues no cumplen como reserva de valor fuera de la comunidad. También llama la atención sobre los riesgos posibles que estas monedas conllevan al eliminar los intermediarios institucionales y marcos legales que velan por los usuarios, vigilan el cumplimiento de obligaciones y respaldan la continuación de las operaciones.

A decir de Valentín, economista y usuario de las monedas Tláloc y Mixiuhca, la economía solidaria y las moneas comunitarias no está planteadas en términos en los que puedan ser interpretados desde la perspectiva de la economía convencional, si se piensan desde esa lógica resultan conservadoras, tradicionalistas e infructíferas. Para él, el uso de las mondas comunitarias tiene cero costos y cero riesgos porque no sufre de inflación o devaluación, mientras que los beneficios son muchos, entre ellos destaca el apoyo a la economía familiar y la remuneración del trabajo «se tenga empleo o no» (V.B. comunicación personal, 22 de Febrero, 2014).

El uso de monedas comunitarias y trueque para intercambiar bienes y servicios es, desde la perspectiva solidaria, una manera de cuestionar y deslegitimar el uso del dinero como se ha venido haciendo en las sociedades modernas. Sin embargo éste uso supone múltiples desafíos técnicos y organizacionales, pero principalmente paradigmáticos, que posicionan a monedas como el Itacate como el preludio de un sistema monetario alternativo futuro, que se vislumbra diverso.

NOTAS

1En Europa y Estados Unidos se le denomina «moneda local». Recordemos la ausencia de la perspectiva comunitaria y solidaria.

2Estos datos fueron tomados de la página en internet del Bristol Pound: http://bristolpound.org/

3Ver documento completo de la Tesis Doctoral, cuadro de las páginas 161 y 162.


ESTE FRAGMENTO DE LA TESIS DOCTORAL DE ELIZABETH CHAPARRO-YPEREDO, FUE EXTRAÍDO Y EDITADO POR CHAMBA.COOP