El caso de una moneda comunitaria: el Tlaloc

Por María Eugenia Santana Echeagaray

Muchos se preguntarán,1¿Cómo se forma un grupo para emitir una moneda comunitaria? El caso del Tlaloc es un buen ejemplo para responder a esta pregunta.

En 1996 surgió la propuesta de dinero comunitario llamado Tlaloc, para ofrecer un símbolo de valor reconocido (un «vale multi-trueque») que sirviera para facilitar los intercambios de bienes y servicios en un amplio grupo de micro-productores, cooperativas y diversos emprendimientos familiares. La iniciativa surgió de la organización civil llamada Promoción del Desarrollo Popular (PDP), la cual tenía una trayectoria de más de 30 años asesorando a estos productores. La idea del Tlaloc se difundió por medio de la publicación de PDP, LA OTRA Bolsa de valores, en la que se divulgaban las diversas ofertas de los emprendimientos de grupos locales con los que trabajaba dicha organización.

En los años ochenta, PDP llegó a atender a más de 200 microempresas populares, pero muchas de ellas sufrieron estragos debido al sismo de 1985 en la ciudad de México y aunque algunas lograron recuperarse, la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio, en enero de 1994 fue otro duro golpe, pues las importaciones indiscriminadas, las sacaron de la competencia en el mercado. Esta situación se agravó después del «error de diciembre» de 1994: la mayoría de estas microempresas se vieron obligadas a cerrar y sus trabajadores pasaron a formar parte de la gran masa de desempleados de México y del mundo.

Con esta preocupación, la directiva de PDP pensaba en una alternativa para que todos aquéllos que ya tenían instrumentos, habilidades y creatividad, pudieran seguir produciendo y que intercambiaran entre sí con un símbolo de valor propio. En julio de 1996, PDP recibió la visita de Marcos Kinney, uno de los grandes impulsores del dinero comunitario.

Esa visita nos abrió los ojos –comenta Lopezllera fundador y director de PDP-, aunque ya había una conciencia de que el dinero es un invento social, Kinney nos confirmó que el dinero es un lenguaje que no tiene que ser exclusivo de los bancos… y él los conectó con Ithaca, de Nueva York y otras monedas comunitarias del mundo.2

PDP congregó a emprendedores de la ciudad de México y de su amplia periferia rural, y les propuso realizar intercambios de los bienes y servicios que ellos producían, con la idea de establecer un mercado recíproco. Muchos de estos productores ya habían comprobado que los préstamos de los bancos –con altos intereses- no resultaban una opción viable y, después de reiterados fracasos, buscaban márgenes de acción e iniciativas propias de producción, comercialización, consumo y crédito con autonomía del Mercado y de las finanzas dominantes. En 1996 iniciaron esta experiencia, nueva en México,3 emitiendo su propio sistema de valor alternativo. Se conformó el grupo llamado «Tianguis Tlaloc» (TT), que pretendía encontrar mecanismos de mayor sustentabilidad para las personas que habían perdido opciones de venta de sus productos.

Los actores y su producción

Para el lanzamiento de una moneda local es fundamental tener una comunidad de productores/consumidores y el Tlaloc la tenía cuando se lanzó. El Tianguis Tlaloc (TT) no es un lugar, sino el nombre del grupo que utiliza esta moneda: los miembros son alrededor de 55 padres y madres de familia entre 35 y 60 años, la mayoría.4 Es un grupo diverso en el que conviven profesionistas y campesinos; hombres, mujeres y niños; mestizos e indígenas; trabajadores de escritorio y del volante. Su base está conformada por micro-emprendedores de la ciudad de México (y unos pocos del área rural) que se dedican a la producción y comercialización de sus productos (otros, comercian los productos de sus Organizaciones); también hay quienes ofrecen servicios. Algunos sólo son comerciantes, otros son dirigentes o miembros de organizaciones civiles. La mayoría de ellos no tiene un empleo remunerado, ni ingresos fijos y afirman que enfrentan problemas para «colocar» sus productos en un Mercado donde prevalece la producción en masa que abarata los costos y donde la producción casera o a pequeña escala no es valorada, porque «lo que cuenta» en el mundo capitalista, son los precios bajos. En estos emprendimientos las mujeres han jugando un rol preponderante, pues se basan en trabajo familiar, encabezado por ellas, con colaboraciones de familiares mujeres y amigas cercanas, combinando el autoabasto con la práctica del don, del trueque y del cooperativismo.5

Algunos ejemplos de lo que se ofrece en el Tianguis Tlaloc son los siguientes:

  • Alimentos orgánicos como: café, miel (de abeja y de maguey), lácteos (queso y, a veces, leche), chocolate de mesa, linaza, mermeladas, licores, pan, aceite de oliva, linaza; productos de amaranto, de tuna y de nopal.
  • Productos naturales y biodegradables: detergentes, limpieza personal (champús, jabones, mascarillas), cremas para cuerpo, abonos.
  • Ropa y calzado: Blusas, ropa de niños, pañales ecológicos, blancos, huaraches.
  • Juguetes tradicionales: títeres y muñecas de trapo.
  • Material educativo: carteles, folletos y manuales en desarrollo comunitario y salud; número sueltos o colección de LA OTRA Bolsa de Valores. Libros y revistas, nuevos y de ocasión, etc.

Entre los servicios que se ofrecen están principalmente:

  • Terapias y ejercitación: Psicología, masajes, temascales, medicina china (acupuntura, digitopuntura, etc.), clases de tai chi, de yoga y meditación.
  • Asesorías y talleres: En autogestión, microempresas, grupos de ahorro y crédito, contabilidad, mercadotecnia, ecología.
  • Asesorías y talleres en salud preventiva y comunitaria, nutrición, microdosis y medicina naturista.

Como se puede apreciar, los productos básicos que se ofrecen son pocos y aunque hay bastante oferta de servicios, éstos no son de primera necesidad (como dentistas o técnicos, mecánicos, etc.). Aunque no ha llegado a conformarse una «canasta básica» de productos y servicios entre los miembros del TT, ésta sigue siendo una meta, lo que otorgaría autonomía al grupo y permitiría aliviar problemas de escasez de dinero y de bienes necesarios.

Cuestiones prácticas

Cuando se lanza una nueva moneda, el grupo que se encargará de su emisión tiene que tomar varias decisiones como el nombre que llevará (que sea algo que le otorgue identidad al grupo), así como su equivalencia. Ésta puede ser la misma que la moneda nacional, o bien, equipararla con otra unidad de valor reconocida, como sería, por ejemplo una piña, en la zona de Loma Bonita, Oaxaca o un aguacate (ó 5 ó 10), en Uruapan, Michoacán. Depende la producción y del lugar. En el caso del Tlaloc, se decidió que su equivalencia fuera una hora de trabajo (pagada a 50 pesos) porque ésta es un valor que todos los participantes conocen y que los unifica; el Tlaloc se materializa en un billete impreso que se firma al momento de ser entregado, como garantía del valor que le otorga el grupo. Existen billetes de Tlaloc, de 1, 2, 3, 4, y 5 Tlalocs. Para facilitar los intercambios también se emite una moneda fraccionaria llamada «Tequio», que equivale a un peso.

Los pagos de los bienes y servicios se realizan combinando un porcentaje del precio del producto con Tlalocs y el resto del precio con moneda convencional, es decir, se complementa el pago con ambas monedas. Si algo cuesta, por ejemplo, cien pesos, se puede entregar 50% y 50%, es decir, un billete de 50 pesos y un Tlaloc; o 25% y 75%: medio Tlaloc y 75 pesos.

Con el Tlaloc, igual que con las otras monedas comunitarias, se rescata el principio del crédito, mainiesto en un símbolo: su porpio dinero

El uso de monedas comunitarias requiere de cierto entrenamiento, pues aunque parece ser lo mismo que el dinero convencional, no lo es. El gasto desequilibrado de un participante ocasional puede producir un desfalco al sistema o, al menos, a algunos de sus miembros. Por eso cada nuevo miembro ha de conocer las obligaciones que adquiere. De ahí que un requisito para aceptar un nuevo miembro en el TT es mediante la firma de una carta-compromiso, que incluye los puntos siguientes:

  1. Tener como mínimo una oferta de un bien o un servicio útil para la sociedad, de alta calidad;
  2. Aceptar pagos en moneda comunitaria (también les llamaremos vales) o al menos un porcentaje del precio en esta moneda y otro en pesos;6
  3. Comprar la oferta de los otros miembros del sistema utilizado la moneda comunitaria;
  4. Conservar un equilibrio entre los vales que se gastan y los que se aceptan, para ello debe llevar un control por escrito de sus gastos en vales;
  5. Asistir a las reuniones del grupo;
  6. Pagar cuotas mensuales o anuales para el mantenimiento del sistema (en el sistema Tlaloc se pagan $50 trimestrales o un Tlaloc), esta cuota se destina al pago de gastos de papelerí­a, de copias de artículos de interés común que se difunden en cada reunión, pagos de la página de Internet del sistema, de los servicios en lugar de reuniones, etc.
  7. Si se retira del sistema, debe regresar el mismo valor en vales que recibió.

Una vez aceptados, los nuevos miembros reciben una dotación de vales para su uso y circulación, consistente en 15 Tlalocs y medio y 50 Tequios, como un crédito para empezar a hacer transacciones dentro del sistema.

El Tlaloc ha inspirado a muchos grupos a crear sus propias monedas en México, algunos ejemplos de estas monedas son: el Mezquite, que emitió el Centro de Desarrollo Agropecuario, CEDESA, en Dolores Hidalgo, Guanajuato y el Xico, moneda que fue lanzada en 2007 por una organización civil, AMEXTRA (Asociación Mexicana para la Transformación Urbana y Rural), en el municipio de Valle de Chalco, Estado de México.7 Se puede decir que juntas conforman un sistema monetario alternativo facilitado por tener la misma equivalencia: cada unidad es igual a una hora de «trabajo social», remunerada a 50 pesos. Esto posibilita los intercambios indistintos entre los miembros de los grupos, con las distintas monedas.

¿Cómo se regula la emisión de las monedas comunitarias?

El organismo que convoca a los productores de bienes y servicios –reconocido socialmente- es el que suele controlar la impresión y la emisión de los vales o billetes. En el caso del Tlaloc, es el personal del mismo PDP y LA OTRA Bolsa de Valores quien lo hace (PDP, 2000: 22). Así, las mismas personas que trabajan en la institución y la publicación, se centran en la inscripción, instrucción, impresión y dotación de los «vales multitrueque» Tlaloc y Tequio. Se imprimen vales foliados que permanecen bajo custodia de los promotores de la moneda y van saliendo a circulación cuando se inscribe un nuevo miembro.

Si bien los billetes tienen un sello de agua que los distingue y evita su falsificación, eso no es tan importante porque se trata de una comunidad donde hay confianza y ayuda mutua; además, lo que le da valor al vale es la firma de quien lo entrega y el hecho de que se confíe en él y esto se nota cuando circula y se muevan los bienes; si alguien lo acapara, impide la circulación y nadie gana. En estos sistemas gastar es positivo porque se ayuda a los otros y hay más producción y consumo de bienes necesarios para la vida.

Con el Tlaloc, igual que con las otras monedas comunitarias, se rescata el principio del crédito, mainiesto en un símbolo: su porpio dinero. Este crédito social se está creando en muchas partes del mundo. La sociedad civil se organiza para procurar intercambios sin depender de un dinero bancario: escaso, acaparado por el sector privado y convalidado por el poder estatal.

Notas

1Este caso es parte de mi trabajo de tesis doctoral, titulada «Reinventando el dinero.Experiencias con monedas comunitarias» (CIESAS, 2008).

2Entrevista LL 12/11/06.

3En realidad, antes del Tlaloc se emitió otra moneda en el Valle del Mezquital, Hgo., pero ésta ya no circula.

4Información de trabajo de campo y de los registros del Tianguis Tlaloc, proporcionada por Lopezllera en forma numérica (no porcentual).

5Entrevistas: SA 24/01/06, OC 7/04/06, TH 12/03/06.

6En el Tianguis Tlaloc se acepta que al menos el 20% del precio sea pagado con esta moneda y el resto en pesos.

7Existen muchos otros ejemplos como el Dinamo, moneda emitida en la Delegación Magdalena Contreras, D.F., el Cajemes, en Ciudad Obregón, Son., el Grillo en Jiutepec, Mor.


ESTE ES UN FRAGMENTO DEL ARTÍCULO «RECREAR EL DINERO EN UNA ECONOMÍA SOLIDARIA», DE MARÍA EUGENIA SANTANA ECHEAGARAY PUBLICADO EN POLIS REVISTA LATINOAMERICANA, ENLAZADO Y EDITADO POR CHAMBA.COOP.